Bienvenido a La Carretera Expedientada

Un espacio para leer historias, pasarlo en grande, compartir textos literarios y comentar con libertad.

un saludo, Félix Olivera

jueves, 18 de enero de 2018

Orgullo Vegetal

Había una vez una pequeña planta que depositaron en un humilde macetero y a la que señalaron con la siguiente etiqueta.
Primera regla: no siga usted las metas y el desarrollo personal de la planta estéril y que se cree una señoría del más alto nivel y que a todos molesta con sus impertinentes idas de olla y que sabe actuar muy bien, y sobre todo hacerse la víctima como nadie.
Al leer la etiqueta la planta se dio cuenta de quien era, una simple planta y lloró de impotencia por haberse sentido toda su vida como la orgullosa planta que no era, es, ni será jamás.


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lunes, 15 de enero de 2018

Por si acaso te olvido

Por si acaso te olvido te tendré siempre a la vista,
Por si acaso te olvido no me separaré de ti,
Por si acaso te olvido te voy a hacer mía y así no te olvidaré,
Por si acaso te olvido no te dejaré partir,
Por si acaso te olvido te cogeré fuerte de la mano y juntos caminaremos hasta el fin.

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miércoles, 10 de enero de 2018

Reputación

Le doy las gracias a todos esos que un día se burlaron de mi por tomar para mi vida mis propias decisiones. Por buscar mi propio camino. Gracias a todos los que me han hecho dudar de si merecía la pena levantarse de la cama. Porque gracias a ellos ahora me siento mucho más fuerte. Gracias a esos malos momentos me he descubierto mucho más fuerte de lo que pensaba. Os doy a todos las gracias. Por subirme más alto de lo que yo nunca hubiese imaginado. Sin vuestras piedras no lo hubiese logrado.  Con vuestras piedras ahora me hago puentes para seguir avanzando.

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Lo mejor de ti

Nunca mueras por algo externo a tu espíritu. Sigue adelante y demuéstrales a esos que te quieren ver tumbado que nunca lo van a lograr. Haz lo que sea, da igual. Hazlo. No te detengas. Que lo mejor está por llegar aunque ahora no puedas verlo. No has pasado por lo peor para quedarte ahí. Pasa por lo peor para para alcanzar tu plenitud. Nunca te conformes con ser mediocridad. Si vales y si tienes talento sigue trabajando porque quizás lo peor ya haya pasado. Y nunca te arrepientas de haberte equivocado. Sigue dando lo mejor de ti y si alguien no te quiere en su vida. Empaca y vete.

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martes, 9 de enero de 2018

El Peor Momento


Habrá un momento en tu vida en el que las cosas se pondrán feas. Te atacará la enfermedad, te acecharán  críticas por todas partes. Te dirán que si has acabado mal que ha sido por tu culpa. Algunos se burlarán de tu situación. Te dirán que te han ayudado cuando solo te han dejado ver como te hundes más en la miseria. Quienes decían ser tus amigos se habrán largado de tu lado. Será un momento en el que te falte el trabajo, en el que no encuentres el amor. No tendrás ganas de levantarte de la cama o del sofá. Parecerá que lo has perdido todo. Que nada salió bien. Que en realidad solo eres un fracasado más. 
Pues justo en ese momento será  cuando sabrás que has vencido. Que si te ha pasado eso es porque tu vales, porque tu mereces la pena, todos tus esfuerzos que nadie ve lo merecen de veras, y que los intentos del mundo  y de la gente mala sobre todo por hacerte ver como un fracasado, loco o un inútil solo ha sido su intento frustrado para cargarte su mierda en tu dolorida espalda. Por lo tanto, no seas el burro que todo lo carga a cuestas para luego encima ser apaleado y humillado. Escribo esto para decirte también que al llegar a este punto será cuando no debes rendirte y que vivir y seguir adelante con tu propia vida es lo único que de verdad importa, y que al final tras todas las cargas, pérdidas de esperanza, traiciones, engaños, abusos, marginación y maltrato que hayas recibido la recompensa que obtendrás superará todas tus expectativas y toda la mierda y a todos los mierdas. Pon siempre altas tus expectativas, lucha por tus sueños e intenta vivir porque en realidad no hay nada que temer.


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miércoles, 3 de enero de 2018

Olvidar


Olvidar

Porque es necesario olvidar para seguir viviendo, para disfrazar el mañana con nuevas y felices horas mientras que nos damos cuenta de lo irremediable, del tiempo transcurrido o quizás perdido en las vanas mezquindades de lo cotidiano.
 Tal vez lloramos aquellos días, en aquellas horas, pero hoy ya no tiene ningún sentido lamentarse por lo perdido y lo que no era para uno. Lo que uno creía que merecía no era más que orgullo enmascarado, cifrado por los engañosos y traicioneros derroteros que provoca el autoengaño del hombre que anda perdido y que trata de encontrarse consigo mismo en algún lugar. En fin, un caos, lío, así es como funciona nuestra memoria, un almacén en el que dejamos algunas cosas para recordarnos a nosotros mismos aquel error que cometimos, y que pagamos sin duda por querer seguir viviendo. Por eso he de pensar que los demás son justos o lo serán y que de no ser así, no es tuyo el error. Ya lo dijo Borges.



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El arcaico don de la escritura

              
                   
                     El arcaico don de la escritura

Con el tiempo descubrí que en realidad uno hace las cosas no con el afán de que alguien pueda reconocerlas o valorarlas sino con el fin de que uno mismo, el escritor o el que escribe logre algún tipo de satisfacción ante la dura realidad de la vida, contra la soledad en la que nos vemos inmersos a través de un día a día que como una gastada vela nos consume.
Haber leído tanto durante estos años no hizo en mi más que reafirmar que apenas había  logrado alcanzar un fin y que pocas satisfacciones habían llegado a calarme de todo lo escrito.
Me siento a veces como aun en la base de una cima inalcanzable donde se ven los que alrededor del camino por unas circunstancias u otras se van apartando, y ya llegados a este punto de mi vida he de dejar constancia de que algunas cosas si que merecieron la pena y que alguno de los muchos sufrimientos pudieron verse olvidados. Años de destierro de lo que yo considero una etapa de joven alucinado ante cosas que no lograba comprender y que ahora se asoma a la fatalidad pero con prudencia, sabiendo ya que hay cosas que es mejor no saber y que de saberlas, pasado un tiempo dejarán de importar. A veces me he preguntado el por qué escribo y si en realidad trato de imitar a uno de los que he leído. 
En una vida que pasa tan rápido ante los ojos y en la que apenas da tiempo ha acabar algo en condiciones he decidido que de seguir haciendo algo, que voy a hacer lo que me guste y en dirección a la sencillez, alejado de artificios y efectos que resuelven poco.
Hay personas que nunca cambiarán...
Y esto es con toda probabilidad lo más inevitable de la vida. Seguimos escribiendo sobre los corazones fríos y la pérdida del sentido y la ilusión.


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miércoles, 6 de diciembre de 2017

El Pescador Urashima

Hace mucho tiempo vivió un pescador llamado Urashima en la costa de Japón. 
Un día que Urashima pescaba en su barca encontró una tortuga legendaria, y según cuenta la historia esta raza de tortuga vivía alrededor de unos mil años. 
Urashima sabía que la tortuga tenía unos novecientos noventa y nueve años, y por no privarla del último año de su vida la soltó al mar.
Pero al poco tiempo Urashima se quedó dormido en su barca, y más tarde se despertó con los rayos del sol en la cara y advirtiendo que la tortuga se había convertido en princesa. Después, la muchacha le dijo que se casara con ella, y que luego la llevaría al palacio de la Tortuga.
En aquel palacio los dos fueron muy felices durante un tiempo, solo que Urashima quería regresar con su familia. De modo que un poco antes de que se marchase la princesa le dio un arcón diciéndole que si lo abría nunca regresaría a su lado.
Pero al llegar a su tierra el príncipe lo abrió y al final quedó transformado en tortuga. Así, que la princesa regresó a su forma original y los dos vivieron felices surcando los mares por toda la eternidad; convirtiéndose su historia en leyenda con el transcurrir de los siglos.

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viernes, 17 de noviembre de 2017

El Guardián de la Puerta-capítulo 6

              
            El Bosque de los Suicidios



Jaro, las Ondinas y las ratas seguidas por la serpiente buena de la ciénaga llegaron a un lugar cubierto de niebla.
Cuando de pronto, se sintieron congelados ante el dantesco espectáculo que contemplaron delante de sus narices. Hasta aquel lugar habían llegado miles de hombres y mujeres desesperados por causas diferentes, pero el primer hombre que alcanzaron les contó que había llegado frente al abismo porque las personas que vivían junto a él lo habían abandonado y dejado solo , y lo habían cambiado por otro que había suplantado su identidad y había intentado que se alejara de sus propiedades si no se sometía a sus oscuros designios, algo a lo que se había negado y esto lo había llevado hasta el borde de aquel precipicio.
Pero Jaro le convenció de que no se suicidara y también le dijo que ningún imbécil merece ser escuchado si a lo que te arrastra es a la muerte. Y cuando dijo estas palabras las tormentas oscuras que cubrían la cabeza del desconocido se desvanecieron sin dejar rastro. Tras esto el hombre lloró todo el dolor que sus antiguos conocidos le provocaron y finalmente recuperó su vida.
Éste decidió que le esperaba una nueva vida alejado de toda la mierda apestosa de toda esa calaña que lo único que quería y deseaba era que estuviese muerto en el mejor de los casos. Tras despertar de su letargo, el hombre soñó un nuevo futuro, una nueva vida, contempló a sus hijos y los vio crecer fuertes y con salud, vio a una hermosa mujer que sería para siempre la mujer de su vida y la que le acompañaría hasta la muerte, y al final se marchó de allí para lograr su añorado sueño.
Pero Jaro y sus amigos  vieron que no podrían hacer nada por los otros miles de personas y siguieron avanzando en su camino.
De entre todos los hombres unos se arrojaban, otros seguían dubitativos y otros permanecían con la mirada perdida frente al abismo. Jaro reconoció que le habían arrebatado el alma a todas estas personas y que tendría que hacer algo por ayudarlos.
Cuando de pronto descubrió una antigua fortaleza oculta entre los árboles y la espesa niebla. La serpiente buena tenía la cara ensombrecida tras atravesar el bosque de los suicidios al igual que las ratas y las ondinas.
Jaro y sus amigos llegaron a la conclusión de que lo que ocurría en ese Castillo podría tener que ver con los suicidios misteriosos de aquellos hombres y mujeres inocentes, hombres que habían perdido toda la esperanza.
Un fuerte maleficio había sido propagado y nacía con forma de niebla extendiéndose desde el castillo hasta el bosque al que Jaro había nombrado como el Bosque de los suicidios. El grupo estaba aterrado junto a la entrada de aquel Castillo pues no imaginaban lo que su interior albergaba. Pero aún así decidieron entrar y golpearon la enorme puerta de la entrada con gran sonoridad. Se escucharon pasos y la enorme puerta de madera se entreabrió dejando ver a la hechicera

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viernes, 28 de abril de 2017

El Guardián de la Puerta-capítulo 5



La Serpiente del barro



Jaro, las ondinas, las ratas y el sapo avanzaron por la ciénaga sobre este y alcanzaron un saliente rocoso donde el sapo los depositó. Entonces, el sapo se zambulló y desapareció en las profundidades de las aguas.
De modo que al grupo no le quedó más remedio que seguir avanzando cubiertos de lodo hasta la cintura.
Su aventura por la ciénaga se les había complicado bastante, abandonados por una poderosa Águila Unialada y más tarde por un sapo no les quedó más remedio que continuar avanzando a ciegas por aquel inmenso lodazal.
Las ratas se habían repartido entre los hombros de Jaro y los hombros de las ondinas, y algo parecido a la desesperación y la angustia de no salir jamás vivos de allí comenzaba a empañar de oscuridad sus luminosos y valerosos corazones.
Sin embargo, no era el momento de rendirse, pues es cuando la vida se complica, cuando te pone delante los mayores obstáculos, cuando debes coger un mayor impulso y las fuerzas que resten para sortearlos y descubrir que para un corazón bravo nada es imposible ni tarde en el tiempo para lograrlo.
Así, que decidieron continuar alimentándose de larvas repugnantes de insectos, huevos de animales raros y de extraños peces de largos bigotes que se deslizaban entre la inmundicia de aquel lodo.
Con la ropa colaban el agua y bebían poco tratando de evitar en lo posible los dolores estomacales.
Y así transcurrieron varios días refugiados en una pequeña cueva que encontraron escondida en la inmensidad de la ciénaga. Allí encendieron fuego, comieron animalillos que ensartaron en palos y luego cocinaron y también bebieron agua que calentaron y limpiaron dejándola libre de impurezas.
Y una vez que todos hubieron llenado el estómago las Ondinas primero una y más tarde la otra comenzaron a contar sus historias. Algunas conocidas por Jaro y otras de las que nunca  había oído hablar que calmaron su espíritu de ansiedad y de la desdicha de vivir en un mundo en constante cambio y repleto de peligros y adversidades, y por un momento, eso le hizo olvidar los pesarosos años de encierro en la mazmorra del castillo de Hans.
Las ratas se acurrucaron entre los cabellos de las ondinas, y Jaro abrazado a ellas también se durmió.
La noche y sus estrellas cubrieron el manto celeste, y la luna llena, espejo del tiempo, brillaba en un punto aportando su calma y serenidad.
A la mañana siguiente decidieron ponerse en pie y continuar con la marcha y atravesar la ciénaga para salir de ella.
Hordas de mosquitos e insectos los atacaron y agobiaron durante el camino hasta que llegaron frente a un inmenso lago que cubría de agua a Jaro y a las ondinas hasta el cuello, era uno de los mayores riesgos  a los que ahora se enfrentaban, pero aún así decidieron seguir adelante y hacer frente a todos sus temores.
Las ratas se repartieron entre los hombros de Jaro y las ondinas, y comenzaron a atravesar la laguna justo cuando una de las ondinas notó el roce escamoso de un ser escurridizo deslizándose alrededor de ella, y la ondina se ruborizó y presa del pánico gritó, a lo que Jaro respondió tratando de que se calmara, la otra ondina la calmó agarrándola de la mano, y las ratas saltaron sobre ella junto a las otras dos y le acariciaron el rostro con sus patitas. Al final, la ondina se calmó, y la criatura escurridiza desapareció por unos momentos...
Entonces, continuaron avanzando solo que con mayor cautela. Caminaron un largo trecho cuando esta vez fue Jaro el que notó a la escurridiza criatura y de repente comprendió por qué la ondina se había alarmado tanto.
Una criatura semejante a una serpiente emergió del lodo y detuvo sus enormes ojos sobre el atemorizado grupo.
Y así estuvo un largo rato hasta que volvió a sumergirse en el barro.
El grupo continuó el camino y cuando ya casi habían atravesado el lago fueron sacudidos de nuevo por la criatura que les lanzó barro en las caras. Jaro se molestó y vio como la serpiente continuaba lanzándoles barro, algo que no acababa de comprender cuando otra serpiente se alzó del lodo erizando sus escamas, mostró sus afilados colmillos y se lanzó al ataque sin detenerse ni por un momento. Cuando ya casi los había alcanzado la otra serpiente, la buena, se cruzó en medio de la que se disponía a atacar y los salvó a todos de las feroces dentelladas que lanzaba al aire.
Luego, continuaron avanzando mientras que las dos serpientes se enfrentaban y a punto estuvo una de derrotar a la otra lanzándola con fiereza contra el lodo y las piedras, entonces la serpiente maligna abrió sus fauces repletas de afilados colmillos con el fin de devorar a Jaro, y fue en ese momento, cuando la serpiente se enroscó con fuerza entre sus piernas y el tronco y comenzó a apretarlo para romperle los huesos. En ese momento, las ondinas y las ratas se lanzaron contra la serpiente, y las ondinas lucieron sus puñales y los clavaron con fuerza en la casi impenetrable piel de la serpiente.
Y las ratas hicieron lo mismo con sus dientes afilados provocándole gemidos dolorosos a la serpiente mala, que en ese instante, se vio obligada a soltar a Jaro, y atravesando el barro con suma cautela y ondeando sobre el agua y el lodo la serpiente buena se abalanzó de nuevo contra la mala propinándole un cabezazo que la hizo sumergirse de nuevo haciéndola huir. Jaro y las ondinas pasaron un buen tiempo juntos atravesando la ciénaga y se hicieron muy amigos de la serpiente buena, y ya cuando quedaban unos pocos kilómetros para atravesarla la serpiente los abandonó.

De modo que el grupo salió de la ciénaga y alcanzó un bosque neblinoso.
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lunes, 24 de abril de 2017

El Guardián de la Puerta- capítulo 4


La Otra Celda

capítulo 4

Mientras que Jaro y sus amigos luchaban por sobrevivir en el estómago de un enorme sapo de la ciénaga, lejos de allí, en concreto en el interior del Castillo del Rey Hans había una joven princesa encadenada a un muro que con el tiempo estaba destinada a convertirse en la esposa del Rey Hans, pudiendo salir del custodio del Guardián de la Puerta. La muchacha de piel cobriza, ojos verdes y pelo rizado y oscuro tenía profundas ojeras en el rostro por causa de no dormir y algunas molestias en la espalda debido a la incomodidad de las esteras del suelo. Para ella el mundo nunca había parecido un lugar amable y justo, mas bien poblado de desengaño, infortunio e injusticia. Porque allí donde un atisbo de bondad se erigiese, la maldad se alzaba para contrarrestar su efecto y como si de la raíz de un simple hierbajo se tratase, extirparla y romperla con tal de eliminarla. 
La princesa había aprendido a ser valiente a la fuerza y a sobrevivir por encima de cualquier adversidad, quizá su sonrisa se había resquebrajado un poco y el llanto, ese estúpido hábito, había acudido a ella en situaciones pasadas, sin embargo, ahora había recobrado cierto valor tras escuchar el feroz desmoronamiento de la torre vecina, donde el otro individuo que se llamaba Jaro, había logrado escapar.
De pronto, fue como si la esperanza iluminara sus ojos y creció día a día en su interior con la plena certeza de que más vale tarde que nunca y que todavía le quedaba una oportunidad para escapar.
Y fue en ese mismo momento, cuando apareció El Guardián de la Puerta muy enfurecido seguido del Rey Hans.
Entonces, la agarraron con fuerza de las caderas y la arrastraron entre la suciedad, las piedras y las calaveras y huesos que como ya era vieja costumbre adornaban celdas cuyo pasado ya se atisbaba poco prometedor para cualquier preso.
Después, el Rey Hans la agarró con fuerza de la muñeca y seguidos por el Guardián de la Puerta descendieron las escaleras de la Torre donde había estado presa y la arrojó al suelo con brusquedad y le habló de un sitio al que iban a llevarla donde una malvada hechicera se haría cargo de ella. Pasaron los días y un carromato-prisión conducido por el Guardián de la Puerta la llevó a un lugar apartado y oculto en lo más profundo de un bosque justo al lado de un antiguo castillo abandonado. El Guardián de la Puerta detuvo los caballos tirando de las riendas hacia él, abandonó su asiento, abrió la puerta de la muchacha y la sacó sin miramientos ni gentilezas de la diligencia. De pronto, apareció entre ellos una mujer muy bella con el pelo color oscuro cayéndole éste como cascadas sobre la espalda, y vestida como una reina.
También llevaba en la cabeza una hermosa y resplandeciente corona repleta de joyas y su impecable apariencia contrastaba con la ruinosa edificación que tenía por morada y de la que nadie más salió para recibirla.
La princesa sintió escalofríos al contemplar la morada y una rara sensación de incertidumbre al recibir por parte de aquella hermosa y solitaria Reina una sonrisa gélida.
En seguida, el Guardián de la Puerta se alejó en la diligencia a toda velocidad y la reina del castillo en ruinas agarró las cadenas que se entrelazaban en los grilletes que aprisionaban sus muñecas y la introdujo con pequeños y sutiles empujoncitos en el interior de la fortificación.
El interior, al contrario que se atisbaba desde fuera estaba impecablemente limpio y ordenado, y el mobiliario de gran valor revestía el interior dándole a las salas una apariencia de calma y serenidad. Y una gran lámpara de araña revestida de cristales con forma de joyas pulimentadas iluminaba la gran sala central, donde las velas arrojaban la cera derretida creando formas de estalactitas por donde caía.
La Reina de aquel castillo que aún continuaba sin articular palabra de pronto llegó a unas escaleras de caracol iluminada por velas hasta que llegaron a unas celdas.
Allí la encerró sin apenas resistencia y cerró la celda con cuidado.
La princesa empezó a sentirse angustiada cuando la mujer se alejó escaleras arriba dejándola en la más completa y oscura de las soledades.

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jueves, 20 de octubre de 2016

capítulo 3- El Guardián de la Puerta


El ataque del Rey Silfo

Capítulo 3

Sin previo, aviso una feroz ráfaga de viento alcanzó al Águila Unialada y sacudió con violencia a sus aguerridos jinetes.
Los silfos eran seres elementales de aire y en la antiguedad reinaban en los aires y dominaban los vientos, pero con el paso del tiempo los hombres dejaron de creer en ellos y por estos fueron olvidados.
Así que la sorpresa de los silfos fue colosal cuando vieron aparecer el Águila Unialada y sentados sobre sus plumas a Jaro, hermano del Guardián de la Puerta, a las dos ondinas y al grupo de las ratas que le acompañaba desde su encierro.
Algunos de los silfos que miraban con recelo la llegada de estos seres, se aventuraron a pronosticar que su tiempo llegaba a su fin, de modo que convocaron a su Rey y éste muy enfadado salió de su trono del Laberinto invisible para tratar de exterminarlos.
El viento huracanado provocado por el Rey Silfo agitaba al Águila Unialada y a sus pasajeros, que trataban de asirse a las plumas y evitaban no mirar hacia abajo, donde una colosal caída los conducía a una rápida y agónica muerte.
Pese a su naturaleza invisible el Rey Silfo podía comunicarse con sus enemigos por medio de aullidos escalofriantes, reverberaciones y ecos, y la forma más corpórea que el ser humano podía dar a un silfo era la de un torbellino de polvo, piedras, ramas, barro y hojas. Se trataba de un ser muy peligroso y amenazador. Y de pronto, Jaro afrentó al Rey de los Silfos.
-¡Malditas criaturas!¡Dejadnos en paz! No osamos más que atravesar vuestros dominios para alcanzar tierra firme y poder descansar.-exclamó Jaro tratando de aleccionar al Rey de los Silfos.
-¡Taimado humano! ¡Nadie atraviesa nuestros dominios y regresa vivo para contarlo! Hace siglos que vivimos aquí retirados, ocultos y olvidados. No somos más que la triste leyenda que vive en los libros que tu misma raza detesta. Los rumores que por mis dominios y todo el mundo viajan me cuentan que has escapado de una celda y que tu mismo hermano, que vive por las tierras de allá abajo, el Guardián de la Puerta, trata de encontrarte para encerrarte y de no lograrlo tiene firmes intenciones de matarte.
-¡A cuantos hermanos cuyo amor es sincero y verdadero has visto querer matar a su hermano!¡Ese hombre al que llamas el Guardián de la Puerta solo sirve para cumplir las leyes de un Rey tirano, el Rey Hans, un hombre sanguinario y asesino que exterminó a mi pueblo y su historia, y que me mantuvo cautivo con el único fin de revelarle el paradero de los que huyeron.
Pero el destino me ha concedido la libertad, y como los astros me han sido aciagos, voy a tener que demostrarle mi valía y de no hacerle entrar en razón voy a verme obligado a matarle para acabar con esta locura y esta tiranía que esclaviza a inocentes y los mantiene con la boca cerrada a fuerza de cercenar gargantas con su traidora espada. ¡Acabaré contigo, Rey Silfo,! si los vientos también se oponen a que cumpla mi destino, esos mismos vientos que pertinaces me detienen se esfumarán como una fugaz mañana de primavera.-arguyó Jaro.
Y estaba Jaro terminando de relatar esto cuando los polluelos del Águila Unialada, muy hambrientos, se mostraron ostensiblemente enfadados y con unos insoportables piares clamaron con anhelo el retorno de su madre acuciándola con sus graznidos a que les desquitara el hambre por causa de su larga y repentina ausencia.
Más tarde, el Águila Unialada viró en el aire en dirección al nido sin tener en cuenta el viento huracanado que ferozmente agitaban los silfos y sobre todo el Rey, y la hicieron plegar el ala y comenzar a descender con peligrosidad al tiempo que daba vueltas sin control.
Jaro y los demás se aferraron al Águila Unialada con todas sus fuerzas y temiéndose lo peor Jaro comenzó a susurrarle unas palabras mágicas que conocía de sus ancestros en el oído del Águila que continuaba descendiendo sin control hasta tierra firme para conducirles a todos a la muerte, y justo detrás el Rey Silfo los guiaba también con sus vientos para que no pudiera recobrarse.
Al escuchar la antigua lengua de las bestias el Águila graznó con todas sus fuerzas y recuperó la tensión de su ala a pocos metros de despeñarse sobre una hedionda ciénaga roqueña repleta de afiladas rocas. Con la feroz sacudida, Jaro, las ondinas y las ratas se desprendieron del Águila y aterrizaron sobre el fango salvando sus vidas. Y de este modo fue como el Águila Unialada los abandonó en la ciénaga y regresó a su nido cumpliendo con el instinto maternal que salvaría finalmente a su prole.
Al tiempo que Jaro, las ondinas y las ratas se recuperaban de la caída, se iban incorporando como podían atendiendo al mismo tiempo como el Águila Unialada los abandonaba a su suerte con los mortales y feroces silfos.
En ese instante, el Rey Silfo descendió seguido muy de cerca por sus súbditos originando feroces vientos huracanados que agitaban con fiereza las ropas, el pelo y el barro de los que en ese momento estaban en el lodazal.
A Jaro, a las ondinas y a las ratas no les quedó más remedio que esperar el brutal choque cuando una inesperada criatura del pantano apareció, del tamaño de un sapo y croó con todas sus fuerzas sorprendiendo a los silfos que viraron de dirección pero no pudieron evitar caer finalmente sobre el barro y el lodo.
Uno tras otro cayeron y su aspecto se tornó visible ante los ojos de Jaro, viendo como unos finísimos ojos relampagueantes se dirigían al encuentro de los suyos.
Mientras esto sucedía Jaro instó a las ondinas y a las ratas a que se escondieran en la barriga del Sapo, cosa a la que en un principio parecieron negarse y a la que finalmente accedieron al ver como los silfos se acercaban a ellos con firmes intenciones de matarlos. Cuando ya la última de las ratas consiguió abrirse camino en el interior del gran Sapo, los silfos lo zarandearon todo lo que podían tratando de matarlo para que éste los expulsara de su interior, pero el Sapo que no era un animal del todo ignorante se agitaba dando saltos en todas direcciones hasta que alcanzó una zona donde pudo volver a sumergirse. Entonces, los silfos lo siguieron pero cometieron una estupidez porque se habían cubierto de tanto barro que comenzaron a sumergirse con lentitud en lo más hondo de la ciénaga. Sin embargo, el Sapo gracias a sus patas aplanadas nadaba , y además presenció la gran furia en los ojos de los silfos pero sobre todo la de su Rey, cuando los vio morir uno a uno zarandeándose en estado de arrobo tratando de liberarse inútilmente del lodo, mientras que Jaro, las ondinas y sus compañeras de encierro, sus fieles amigas las ratas, se salvaron guarnecidos en el interior del inesperado y muy oportuno Sapo de la Ciénaga.

Por Félix Olivera, 2.016


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sábado, 28 de mayo de 2016

El Guardián de la Puerta- capítulo 2


Capítulo 2


Ya casi alcanzando la cumbre con gran esfuerzo las Ondinas y las ratas tuvieron que hacer frente a una feroz ventisca, y el frío intenso estuvo cerca de conducirles a todos a una muerte asegurada. Cuando de pronto, apareció la Colosal Águila Unialada que irradiaba calor descendiendo en círculos concéntricos hasta aterrizar en el punto más alto de la nevada cumbre.
Las ondinas y las ratas se agazaparon tras unas rocas y observaron al descomunal ave que se erigía triunfante junto a su nidada.
Y en ese instante, los huevos eclosionaron uno por uno, hasta que todos los polluelos vieron la luz de la Radiante Estrella.
El instinto del animal la llevó a salir de allí en busca de caza, y en un momento de descuido del ave, las ondinas y las ratas se subieron encima del Águila y sobrevolaron con ella toda la extensa llanura, el Reino de Hans y el Lago de las Ondinas.
En el lugar en el que abandonamos a Jaro estaban a punto de suceder algunos hechos de cierta importancia en el devenir de los acontecimientos de esta historia.
Y fue cuando tras una repentina nube de polvo apareció el Guardián de la Puerta, al tiempo que el Coloso se levantaba del suelo tras la patada que había recibido de Jaro, éste no tuvo tiempo de pronunciar una sola palabra cuando la cimitarra del Guardián sacudió el aire y le cortó la cabeza de una limpia estocada. 
En seguida, el cuerpo decapitado convulsionó entre espasmos durante varios segundos y luego permaneció quieto y empapado de sangre.

-Uno siempre tiene que acabar el trabajo que los obtusos, malhadados, pérfidos y desdeñosos guerreros que tiene a su mando no desempeñan.-silabeó el Guardián de la Puerta, a la vez que agarraba con fuerza la espada por el arriaz y salpicaba con la sangre del Coloso la cara de su hermano escapado.
En ese momento, Jaro se sintió exasperado, se limpió la sangre de la cara como pudo, y viéndose amenazado retrocedió con sumo cuidado unos pasos. Durante unos instantes lo miró con cierto embeleso pero recordó la estolidez de su hermano y que este no se detendría hasta exterminarlo, pues había escapado de su celda por casualidad.
La cimitarra sangrante del Guardián de la Puerta volvía a erguirse en el aire y apuntaba a la cabeza de Jaro, y éste le sonrió triunfal cuando mirando al cielo en la última plegaria que le concedió a su Dios no sabiendo si por suerte o causa del Destino vio llegar a una enorme Águila con una sola ala cargando con las Ondinas del Lago y con las ratas que le hicieron compañía durante su encierro.
De pronto, el Águila sacudió el suelo con fiereza y la nube de polvo y viento golpearon al Guardián de la Puerta y al caballo con el que había venido desde el Reino de Hans.
El Guardián de la Puerta no pudo esgrimir su espada contra semejante bestia y derrotado los dejó escapar mesándose los largos y rubios cabellos en un gesto de rabia y repulsión.
Lejos de allí, en el reino de los pájaros, sucedió una feroz tormenta que obligó al Águila a cambiar sus majestuosa y colosal ala de dirección teniendo esta que adentrarse con consciente peligrosidad, respingo y recato en el olvidado Reino de los Silfos.

Por Félix Olivera, 2.016, Librilla.




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miércoles, 11 de mayo de 2016

Las tres Gargantas, el Mar de Cristal y la Reina de los Hielos

Todo comenzó con el maullido lastimero de la gatita negra Abigail. Así fue como el muchacho se despertó. Con los ojos cubiertos de legañas. El muchacho estaba desnudo porque los días habían sido muy calurosos y se disponía a vestirse y a marcharse a la academia.
Lucas era huérfano y vivía con una tía que ya era muy mayor pero que con su cariño y vitalidad suplía cualquier carencia afectiva que él pudiera tener.
Clarisa ya tenía alrededor de sesenta años y criaba a su sobrino de la mejor manera que podía. Los días de la Guerra ya pertenecían al pasado y una nueva esperanza se respiraba en el ambiente. Una cierta tranquilidad que nunca habían conocido antes.
Para llegar a la Academia Lucas debía atravesar el Bosque Septentrional. Una amplia masa boscosa repleta de criaturas, muchas de las cuales las mayoría de los hombres apenas tenían conocimiento.
Aquel día el bosque aparecía cambiado pues una desconocida bruma lo cubría ahora y le daba un aspecto mortecino y fantasmagórico que cualquiera en su sano juicio no hubiera hecho más que evitar.
Pasado el bosque Septentrional aparecía la catarata de las Tres Gargantas. Se trataba de una enorme mole de piedra marronzuzca que tenía tres caídas pronunciadas por las que infinidad de litros de agua descendían cada segundo. Y en las cuevas vivían multitud de gentes al amparo de las inclemencias de los cielos descubiertos y del gran mar que se extendía a lo largo de la descomunal catarata.
A veces, los cielos eran surcados por la ciudades flotantes y allí vivían hombres también. Aquel mundo se sostenía en un difícil equilibrio que los mantenía separados y así, de ese modo, en una constante y perpetua paz.
Pero esto a Lucas apenas le importaba y casi todo desconocía de estas culturas. Lo único importante para él era como todos los días atravesar el Bosque Septentrional para poder alcanzar la Academia y poder estudiar y lograr ser alguien reconocido algún día. En estas cosas pensaba antes, mucho antes de que apareciesen las dificultades allá muy lejos. En la Torre que se alzaba en medio del Bosque las cosas no andaban muy bien, un peligro desconocido acechaba, y la bruma que había aparecido recientemente era una clara y lógica señal de ello.
Al igual que antaño lo fuera su difunto padre Lucas quería dedicarse a la fabricación de botones.
A simple vista esto podría resultar un trabajo o una dedicación para nada interesante y, al mismo tiempo, poco o muy mal remunerada.
Sin embargo, Lucas no pensaba lo más mínimo en ello, en su mente habitaban las formas, los colores y los tamaños de unas piezas que él consideraba importantísimas en cualquier indumentaria de Occidente que se preciase.
Muy a lo lejos Lucas logró contemplar con cierta preocupación la inmensa bruma que se alzaba alrededor del guarda del bosque.

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Por Félix Olivera

martes, 19 de abril de 2016

El Guardián de la Puerta- Capítulo 1- Fugado



Capítulo 1  : Fugado

La voz del Rey Hans resonó casi eterna y con boato a lo largo y ancho de esas tierras convulsas.
-¡Que liberen al coloso!-exclamó el Rey, lanzando sus espurreos a la cara de algunos de sus soldados de manera que no tuvieron más remedio que digerirlos entre muecas de asco.
Y al clamor de mil trompetas y cornamusas hicieron despertar al olvidado ser, comandante de antiguas legiones y conquistador de Regiones indómitas. 
Tanto era el miedo y el revuelo causado por la fuga de Jaro que el Rey no escatimó en lo que fuera necesario con tal de dar caza al más odiado de todos sus presos, y el mayor enemigo que había conocido jamás el Reino.

Mientras tanto, Jaro encontró una bicerra, una especie de cabra con poca inteligencia, se subió encima de ella y cabalgó en dirección al Castillo de Hans.
Las ratas y dos ondinas, que a su vez eran jóvenes princesas, le seguían todo el tiempo desde su fugaz encuentro en el Reino de las Ondinas. Ellas se mantenían frescas y húmedas con el agua que llevaban cargada en dos sendos recipientes que portaban amarrados sobre la espalda.
Aunque apenadas no olvidaban el motivo por el que habían abandonado el Lago y sus profundos ojos azul celeste ardían en llamas de venganza y no descansarían hasta ver llegar la decapitación del Rey Hans. Ambas ondinas sonreían a las ratas que iban subidas encima de ellas enredándose con sutileza en sus rizados cabellos de oro, cobre y repletos de hojas silvestres.
El único que parecía preocuparse un poco era Jaro, pero no era éste un sentimiento habitual en él, la mayor parte del tiempo pensaba en ocuparse de destronar al Rey Hans aunque no sabía como podría lograrlo. Ya que antes tendría que pasar por encima del cadáver de su hermano el Guardián de la Puerta.
Y en estas cosas estaba pensando cuando vio aparecer al feroz, mortal y más peligroso enemigo que viera desde que fuera encerrado en la torre del castillo.
El legendario y terrible Coloso hizo acto de presencia en la extensa llanura enclavada entre el Lago de las Ondinas y el Reino de Hans.
Entonces, Jaro lo retó a muerte, y el Coloso embistió con desmanes. El Coloso al que todos temían en el Reino era en realidad un hombre con aspecto de enano, muy enfermo de un síndrome avanzado de artrosis en ambas rodillas. Sin embargo, su fuerza no residía mayormente en su fortaleza física, casi toda ella era mental. Este ser podría ser ampliamente reconocido como un auténtico farsante. Un ser profusamente subversivo, ducho, sagaz, proscrito, marrullero y por encima de todo desaforado.
Una criatura que impelía a todo el que lo rodeaba a una muerte segura y execrable. Era este un hombre al que jamás invitarían a un ágape.
Y al que los bandullones casi le rozaban los pies cubiertos y casi repletos de mugre y roña. Ahí se le había formado una maloliente congestión a la que sólo las moscas se atrevían a degustar.
Y justo en el momento en que el sucio, apestoso y diminuto Coloso se arrojaba contra su oponente el chico fugado, Jaro le propinó una violenta y repentina zancadilla que lo hizo rebozarse por los suelos y empaparse aún mas de mierda y máculas.
Por otro lado las ondinas y el pequeño grupo de ratas emprendió el arduo ascenso a la Montaña Secreta situada en la angulosa Cordillera Secreta en busca del Águila Unialada, una enorme ave que vivía oculta en el punto más elevado de la montaña dedicada a la incubación de su nidada.
Este animal de leyenda pertenece al Libro Secreto de los Gnomos, y en tiempos de guerra y desdichas siempre fue para las ondinas del Lago una imprescindible aliada, y también por el hecho de ser casi indestructible, y de no poseer enemigos naturales. 
El ave medía unos diez metros de altura y veinte de envergadura, y la hembra ponía huevos con forma cuadrada, lo que aún la hacía ser más extraordinaria. Y esto era así, probablemente, porque en el caso de resbalar por la ladera las aristas del huevo lo protegían de caer más abajo y despeñarse en fragmentos blancos y amarillentos por las rocas.
Entonces, las ondinas y las ratas comenzaron el complicado ascenso, entretanto Jaro seguía enfrentándose a su brutal oponente. 
El Guardián de la Puerta que no era ajeno a estos hechos por sus espías e informadores, entre los que se encontraban bandadas de cuervos, grajos y mirlos, no iba a tardar en aparecer en escena.

Por Félix Olivera -2.016

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domingo, 31 de enero de 2016

El Orbe

Juan era desde hacía muchos años un joven investigador de civilizaciones antiguas que había pasado la mayor parte de su vida entregado a la materia. 
Algunos de sus más allegados consideraban que Juan se había vuelto una persona huraña y extraña que apenas salía y que se había obsesionado demasiado con el pasado. Y quizás tuviesen razón, sin embargo estas críticas apenas lograban apartarlo de sus pasiones.
Hasta que un día un desconocido llamó a la puerta de Juan y le pidió que le hiciera un pequeño favor.
El desconocido prefirió no desvelar su nombre y le hizo entrega de un raro artefacto que según el desconocido poseía propiedades mágicas.
Un día Juan lo invitó a su casa, le preparó café y charlaron sobre el Orbe y asuntos que a ambos les interesaban.
-Apenas sé nada de usted.-le dijo Juan.
-Sólo puedo decirle que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que usted mismo me pidió que hoy le hiciese entrega de este objeto, y que cuando este hecho tuviese efecto, que jamás y bajo ningún concepto le revelara mi nombre. ¿Verdad que suena extraño?
Pues así ocurrió, y ya hace tanto tiempo que ni logro acordarme.-le dijo el desconocido.
Tras escucharle, Juan quedó en un punto intermedio entre mudo y sorprendido, y al final tuvo que darle la razón al hombre aceptando el Orbe.
-Este artefacto tuvo que pertenecer a una antigua civilización, ya que no logro sacarle ningún parecido a la civilización egipcia, minoica, germánica o maya.-se dijo Juan.
Todo parecía ser pese a alguna carcajada sarcástica cosa de seres interdimensionales. El tipo de cuentos que les encantan a los que hablan sobre misterio y supercherías.
Tiempo después, Juan pasó largos años investigando el objeto hasta que un día llegó a la triste conclusión de que el objeto en sí mismo parecía una especie de enigma que había que descifrar.
Juan había dejado el objeto durante días en agua, lo quemó en la chimenea en el transcurso de un frío invierno y luego lo enterró en el huerto del jardín una primavera entera, pero de todos modos nada le sucedió.
Y ya pasados muchos años y habiendo alcanzado una edad madura y muy cercana al medio siglo Juan decidió emprender un viaje para resolver el misterio del Orbe, hasta que finalmente se cruzó con alguien que tenía una misión parecida, solo que esta persona tenía una llave a la que todavía no había logrado encontrarle una cerradura. La mujer de Juan que se llamaba Elisa exclamó sorprendida al  ver que al fin había encontrado el objeto largamente añorado de su familia.
Juan simplemente le siguió la corriente a su mujer  y le hizo entrega del Orbe.
Entonces, Elisa introdujo la llave en el interior de la esfera, la giró y de pronto apareció una luz increíblemente cegadora que los cubrió por completo y que los hizo caer al suelo inconscientes.

El Culto a los Orbes

En aquel lugar Juan y Elisa descubrieron que los Orbes eran antiguos mecanismos de teleportación de seres creados por mentes superiores y más antiguas que las recientes civilizaciones terrestres.
Juan y Elisa se fueron a vivir con los hombres de aquel pueblo aunque dejaron el Orbe escondido en la cabaña, y no lo olvidaron. 
En la ciudad pronto fueron presentados a todas las autoridades y les mostraron las más bellas construcciones que sus ojos habían presenciado, y finalmente cuando ya habían ganado su confianza los llevaron al templo de los dioses y descubrieron que ese templo tenía en el altar principal tres huecos para la colocación de los orbes, y que uno de ellos faltaba. 
Juan y Elisa recordaron que el que probablemente faltaba era el que ocultaron en la cabaña a escondidas de los hombres de aquel pueblo desconocido.
Juan y Elisa regresaron a la cabaña y sacaron el Orbe. A la mañana siguiente regresaron al poblado disfrazados de monjes, se metieron en el templo, y cuando ya nadie miraba o pasaba por allí colocaron el Orbe en su correspondiente pedestal.
En seguida, las otras piedras comenzaron a iluminarse también y todo el templo quedó iluminado a la vez que empezó a desmoronarse.
Los habitantes de los alrededores del templo huyeron atemorizados en todas direcciones y avisaron al ejército de la ciudad que marchó en dirección a los temblores.
Cuando de pronto, una extraña e imperturbable voz inundó esas tierras.
-¡Quién osa despertarme de este letargo en el que me veo inmerso!-exclamó la voz cavernosa.
-Nosotros.-le contestaron a la vez Elisa y Juan, mientras trataban de esquivar el polvo, las piedras y los cascotes que se cernían sobre ellos. Cuando de pronto, una antigua criatura mitológica se presentó ante ellos. No era ni animal ni humano, nada parecido a cualquier ser que hubiesen visto antes, mas parecía un ser mitológico o de leyenda.
A Juan le pareció un Quetzalcoatl pero a Elisa le recordó más a un ser interdimensional. Un ser de otro mundo del universo que habló en un idioma que ambos pudieron comprender.

-He sido venerado durante siglos por estos hombres.-les dijo el ser.- Pero al fin ha llegado la conclusión de esta farsa, de este artificio aburrido, porque he de volver con los míos.
Ya hace muchos siglos que fui engañado, vilmente traicionado y encerrado aquí por unos hombres malvados que usaron mis poderes en mi contra con el único fin de fortalecerse ellos mismos, pero vosotros dos, Juan y Elisa, me habéis liberado al colocar el Orbe en el tercer pedestal. Por haberme salvado  de la esclavitud os doy las gracias. 
A partir de hoy os beneficiaré con incontables dones, riquezas y andaréis todos los caminos de la fortuna en la Tierra. Porque es allí adonde os enviaré de nuevo para que recuperéis vuestra vida y no penséis más en el Orbe.
Un objeto abobinable que lo único que ha hecho ha sido traerme desdichas..., y sí, yo era el desconocido que te habló al principio. Hasta siempre Juan. 
De repente, todo se cubre de oscuridad y una luz de esperanza brilla para alguien que creía haberla perdido.


Fin


Por Félix Olivera -Librilla-2.015

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

El Guardián de la Puerta



Prólogo

Hace muchos años, tantos que ya ni logro acordarme del momento exacto, hubo una ciudad que fue asediada sin compasión y que al final acabó en las manos de un ejército terrible y poderoso de bárbaros esteparios comandados por el sanguinario Hans.
Durante mucho tiempo a la ciudad sólo dejaban que entrase un pequeño cargamento de víveres que era la única comida y bebida que entraba.
Los habitantes de aquella ciudad estaban muy débiles y enfermos y no les quedaba otra opción que estudiar los libros antiguos para cultivar la inteligencia, pues pensaban que así algún día lograrían expulsar de allí para siempre al Guardián de la Puerta.
Jaro permanecía oculto en la más alta Torre de la ciudadela. Un lugar oscuro y opresivo en el que había sido encerrado hacía ya tanto tiempo que ya no recordaba el cómo ni el por qué de su condena. Hasta que una fría mañana las cosas comenzaron a cambiar, cuando de pronto, unas leves sacudidas hicieron temblar la Torre de Jaro.
El muchacho se asustó en un comienzo, pero esos breves pensamientos de preocupación pronto dieron paso a la tranquilidad.
Una vez al día el carcelero se encaminaba hacia la Torre y le llevaba a Jaro la comida, que consistía en unos míseros mendrugos de pan seco y apenas una jarra de agua sucia en la que flotaban bichos muertos y trozos de barro.
-¡Aquí tienes tu comida, pequeña basura con patas!-le gruñó el ruin y apestoso carcelero, que estaba cubierto de mugre y úlceras en la piel e iba cubierto de viejos harapos.
Jaro se levantó del suelo con las pocas fuerzas que le restaban y se acercó arrastrándose al plato para comer.
El muchacho sabía que la comida era horrible pero aún no pensaba renunciar a la vida, algo dentro de sí mismo le obligaba a continuar pese a sus desgracias. Pese a un destino maldito que no comprendía. Allí era imposible ser feliz, pero Jaro imaginaba hermosas historias en lugares más mágicos aún donde todavía más mágicas criaturas le ayudaban a seguir con vida.
Los incansables días siguieron transcurriendo y el bochorno del calor del verano pronto dio paso al acortamiento de los días, y con esto, pronto llegó el invierno. A pesar de algunas pieles de bestias que le proporcionaron Jaro pasaba los días muerto de frío y fiebre y pensaba con resignación que aquel podría ser ya el último invierno de su vida. Cuando de pronto volvieron las sacudidas y los temblores sólo que esta vez más fuertes.
La Torre se inclinaba con levedad, cuando de pronto unos cascotes cayeron junto a Jaro, que se lanzó hacia otro lado para evitar ser golpeado en la cabeza. En ese instante, un rayo de luz atravesó la celda y fue a parar a la cara de Jaro, que se cubrió el rostro con ambas manos.
Los temblores continuaron cuando regresó el carcelero con la comida de ese día y la  arrojó a sus pies con desprecio.
Poco a poco el sol fue dando paso a unas nubes que fueron encapotando el cielo y que amenazaban con lluvia.
El carcelero era un Troll apestoso y se alejó dando ridículos saltos escaleras abajo, y con las gotas de agua que cayeron la escalera se puso muy resbaladiza, y tras llevarse un susto por el estallido imprevisto de un relámpago, el Troll trastabilló y cayó rodando escaleras abajo partiéndose el cráneo en dos mitades, del mismo modo que ocurre al abrir una nuez.
Mientras tanto, Jaro que era ajeno a todo esto estaba empapándose de agua hasta los huesos y con el frío que hacía en la Torre comenzó a helarse y a tiritar.
Las sacudidas regresaron de nuevo, pero esta vez la Torre no pudo resistirlas y se desplomó sobre las caballerizas, y por suerte Jaro sobrevivió al caer sobre el estiércol y la paja sucia de los caballos rodeado por el marco derruido de lo que fuera la ventana de la Torre, pero las cadenas y grilletes seguían atando sus manos y poca cosa pudo hacer mas que esperar a que apareciese alguien por allí para ayudarlo.

Las ondinas que son amantes de los ríos y los lagos recibieron con mucha felicidad aquella lluvia, pues la presa que habían construido más arriba y que las entristecía y casi las había exterminado las había obligado a dirigirse a un lugar en donde sólo pueden ser leídas o imaginadas. Los libros de cuentos de hadas y fantasías.
Desde que construyeron la presa las ondinas estaban muy enfadadas, y en secreto, planeaban conjurarse contra la ciudadela, y asesinar a todos los que las habían llevado a aquella desastrosa situación.
Sin embargo, todas coincidían en que había un pequeño o, según se mire, gran problema a resolver. Y éste era como para muchos otros habitantes de aquellas tierras la presencia imponente del Guardián de la Puerta.
Algunos decían del Guardián que se trataba de un ser indestructible y muchas leyendas se contaban sobre él, pero ninguna que fuera del todo fidedigna, pues ya es sabido que las viejas y no tan viejas chismosas de las aldeas son propensas a este tipo de habladurías.
Aún así, todos lo respetaban y evitaban. El Guardián con el que realmente contaba, si es que esto fuese del todo cierto, era con el soberbio, altanero y engreído Rey Hans, el más odiado de todos los reyes de su tiempo. Era tanta su mala fama que hasta las sucias y apestosas ratas de las alcantarillas y los enmohecidos acueductos le escupían en los pies a su paso con la asquerosa, pútrida e infecta saliva que almacenaban en sus carrillos y dientes repletos de caries.
Y todos los habitantes o mas bien vasallos del Rey Hans sabían que el único ser humano al que éste respetaba era como no a El Guardián de la Puerta. Y con éste era con quien tenía que enfrentarse Jaro si quería emprender el camino hacia su libertad.
Las ratas que eran las únicas amigas de Jaro durante su encierro fueron las primeras en acercársele para comprobar que no había sufrido ningún daño. Se le subieron por las piernas y se introdujeron en sus pantalones pero descubrieron que su amigo estaba en buenas condiciones.
El estruendo producido por el derrumbe del Torreón llamó la atención de todos los soldados, que por orden del Rey se acercaron con las lanzas alzadas para impedir que el preso se escapase, y con gran sorpresa descubrieron que Jaro ya no estaba allí.
Las ratas le guiaron a través de las alcantarillas y allí continuó hasta que se le ocurriese un plan para escapar de la ciudadela.
Las ratas avanzaban a través de las cuevas y Jaro las seguía, cuando sin esperarlo apareció la luz al final de uno de los túneles del desague (aquí falta una diéresis), el agua corría bajo sus pies y desembocaba en un inmenso lago que era "la tierra de las ondinas".
Jaro se lavó todo el cuerpo y la cara, y las ondinas se le acercaron con prontitud para estudiarle concienzudamente.
Las jóvenes lo observaron sorprendidas y concluyeron que tenían que llevarlo ante la Reina Ónice.
La Reina le dio la bienvenida a Jaro, lo vistió con sus ropas y celebraron un suculento banquete en el que hubo música y danza.
Las ondinas bailaron para Jaro y las ratas las contemplaron boquiabiertas a la espera de que les llevasen algo de comida.
La Reina Ónice era la ondina más bella de cuantas se conocían en esas tierras y estaba muy enfadada con el Rey Hans. Juntas planeaban asesinarle pues veían peligrar para siempre su estilo de vida. Algo que ya no soportarían más bajo ningún concepto.
Entonces, le hicieron la entrega a Jaro de una espada mortal y legendaria con el fin de que acabara ensartándosela en el pecho, y así lograse atravesar el corazón del Rey Hans.
Mientras tanto, el Guardián de la Puerta fumaba en su pipa una extraña hierba adormecedora con efectos tranquilizantes que el Troll le hiciera entrega mucho antes de su patética muerte.
Sus pensamientos se desvanecieron muy pronto cuando vio aparecer al Rey Hans custodiado por su escolta real, fuertemente armados, y de rostros sanguinarios.
Entonces, el Rey Hans le dijo al Guardián de la Puerta que el prisionero había escapado, asunto que le enfadó sobremanera ya que durante veinticinco años su principal misión había consistido en evitar que su hermano Jaro escapase de su infranqueable celda.





Por Félix Olivera- Librilla -2.015


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domingo, 28 de junio de 2015

Fin- El Castillo Infinito


<<Al final de la paciencia aguarda el cielo.>>

Antiguo proverbio africano



Escrito por F.M.Olivera- Librilla 2.015

Mientras tanto, en una isla remota del océano acababa de atracar un velero. El capitán del barco sonreía a la tripulación, y a su lado un hombre con aspecto de naúfrago desaliñado fregaba la cubierta.

-Buenos días, mi capitán.-dijo un hombre de aspecto siniestro, oculto tras una capa oscura.
-¿Cómo van los planes?-le dijo el capitán en tono malicioso.
-De momento todo va muy bien. Tenemos al muchacho de nuevo con nosotros. El otro está muerto y enterrado.-
-Eso no importa. Hemos capturado al Rey Encontrado. ¡Que lo traigan a mi presencia!-dijo el capitán.
Cuando el Rey Encontrado apareció y vio al hombre que se parecía enormemente al Soñador no pareció sorprenderse en absoluto. En una historia así matarlo una vez no era suficiente, y eso lo saben los que han leído o escuchado muchas historias, no los que dan todo por sentado desde un comienzo.
Al morir Marcos abrió los ojos en otro tiempo, en un lugar paradisiaco, luminoso y repleto de fauna y vegetación. Luego, se levantó del suelo y se contempló las cicatrices del pecho boquiabierto.
-¿Qué es lo que se supone que ha ocurrido aquí?-
se preguntó Marcos con dolor de cabeza. Pensar en varias dimensiones y que ya había pasado por unas cuantas le mareaba y le angustiaba.
Entonces, se acordó del libro del Castillo Infinito, se acordó de los anaqueles de literatura fantástica, del Rey Desterrado y de su historia. Recordó que todo había comenzado con la lectura y que seguramente así debía de acabar. 
En seguida, Marcos cerró los ojos y pensó en volver a su ciudad. Cuando los abrió, volvió a la biblioteca, cerró el libro del Castillo Infinito y regresó a su casa. Allí todo parecía normal, después abrazó a su madre, la besó en la mejilla y se fue a dormir. Luego, Marcos siguió soñando. 
A la mañana siguiente, al despertar, Marcos se palpó el pecho y notó las cicatrices de las deflagraciones de los disparos del Soñador. Volvió a mirar y allí no estaban. Al parecer todo había sido un sueño, pero uno muy real y vivido. Segundos después, Marcos recordó el metálico sabor de la sangre en la boca y se sintió aterrorizado y comprendió que alguien había tratado de matarlo durante años, alguien muy cercano a su vida.
-¡Cariño! ¡Voy a salir a cenar con unas amigas! Llegaré pronto.-le dijo Elisabeth.
-Muy bien.-le contestó Marcos. Que había visto a su madre salir con un hombre que le recordaba al Soñador, y Marcos volvió a sentir escalofríos. Su nuevo novio era el dueño de la biblioteca.
El libro del Castillo Infinito seguía con él, estaba en su mesilla. Lo abrió de nuevo y apenas quedaban unas cuantas páginas para el final, y el último capítulo se titulaba Transcurridos cinco años.
De repente, ante él apareció un trono hecho a la medida de un rey y su reina. Y la armadura del Rey Olvidado, la espada Durandarte capaz de controlar las mentes débiles, y la corona del Rey Encontrado ya estaban dispuestas para serle colocadas en su cuerpo.
Cuando la corona tocó la cabeza del Rey Encontrado los Reyes Malvados que el Soñador colocó en el continente Vijon fueron destronados y estos tronos quedaron vacíos para Era y el Rey Encontrado. Y en esas tierras reinó la paz por muchos años cuando el Castillo fue acabado por Era y dejó de ser para siempre un castillo infinito. Marcos terminó esa página y por fin cerró el libro. Parecía un buen final.
Transcurridos dos años desde que comenzara su lectura se había vuelto un poco más listo, sabio y confiado. Esas revelaciones le hicieron comprender que su historia concluía algo más grande que escapaba a su entendimiento. El eterno enfrentamiento de unos dioses donde el Naúfrago era el Guardián de la Eternidad y el Soñador el Nigromante del Anticosmos, y él el único y verdadero Rey de su historia.



Apéndice

Sombra de Oro acompañó a su Rey con felicidad hasta el último día de sus vidas, y enseñó a galopar a todos sus hijos.


 Fin

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