Bienvenido a La Carretera Expedientada

Un espacio para leer historias, pasarlo en grande, compartir textos literarios y comentar con libertad.

un saludo, Félix Olivera

jueves, 28 de marzo de 2013

El castillo perdido de Librilla



El castillo de Librilla

 Imagen tomada de Tele Librilla blog.


Ensayo escrito por Félix Manuel Olivera González el 27/02/2.006 para el periódico de Librilla y editado en 2.013 para mi blog "la Carretera Expedientada".



¿Es sabido por la mayoría de los librillanos que Librilla tuvo castillo? 
Sin embargo; pocos vestigios quedan de éste actualmente. 
El antiguo castillo estaba formado por siete torres y anchas murallas. Un castillo de tales dimensiones debería haber permanecido hasta hoy si no en su totalidad, sí parcialmente como lo han hecho los castillos de Alhama de Murcia, Aledo y Lorca. 

En 1.729 el padre Ortega realizó una visita a la villa y afirmó que; el castillo es fuerte y está formado por siete torreones de los que solamente queda uno entero.                   
¿Qué le ocurrió al castillo durante los años posteriores a 1.729? Y... ¿Cuál fue la causa de su gradual deterioro y desaparición?



El padre Ortega afirmó que la mayoría de las casas antiguas se habían levantado sobre los cimientos de su recinto amurallado, sin embargo, teniendo en cuenta este hecho aun quedaban en pie el castillo y gran parte de sus torreones, por lo que no podemos responsabilizar totalmente a las casas antiguas de su alrededor del deterioro del castillo.



Alonso Yañez  Fajardo, Señor de Lebrilla, que alcanzó repetidas victorias sobre los moros, compró la villa y la fortaleza impulsando el crecimiento de ésta. Más tarde, su familia se encargó del  refuerzo de la fortaleza. Posteriormente, en el recinto amurallado sobre las ruinas de una ermita que antes fue mezquita se levantó la Iglesia de San Bartolomé. 
¿Fue necesaria la demolición del castillo para la construcción de la Iglesia?

Esa pregunta tiene difícil respuesta ya que se desconoce el verdadero origen de la parroquia, teniendo en cuenta que todos los archivos que datan de su construcción fueron quemados durante la Guerra Civil. Aunque si acudimos al libro de historia de arquitectura de Murcia y a los datos que facilitó el párroco de Librilla Don Manuel Guzmán Iniesta es posible predecir que la construcción de la Iglesia de Librilla puede datar de mucho antes de 1.785. De tal forma que podríamos afirmar que la desaparición del castillo de Librilla y la aparición de la Iglesia de San Bartolomé se corresponden a periodos de tiempo similares.



En aquella época se deducía la importancia de la villa por la fortificación y reparaciones de su castillo y muralla que experimentó a lo largo de muchos años. 
El castillo probablemente estuviera  formado por torres de planta rectangular, muros almenados rematados con merlones, puertas con arco de herradura y decoración de tipo almohade.



La ermita que fue construida sobre la antigua mezquita  tenía la forma de la base rectangular con poca luz en su interior y sin formas retorcidas. 
La Iglesia de San Bartolomé de Librilla se erigió sobre la ermita y entonces fue necesaria la remodelación de ésta. Es posible que se destruyera  parte de lo que quedaba en pie del castillo para la ampliación de la Iglesia, que supuso la construcción que hasta ahora tenemos con el estilo tan famoso de la cruz latina.


2.013

...Y hasta ahí pude indagar sobre el asunto; dudo de la total veracidad de lo que encontré y escribí en su momento sobre el castillo de Librilla, pero creo que; al menos, hice un humilde trabajo de investigación sobre nuestra historia no con más intención que la de mostrar un poco de preocupación por la dejadez del patrimonio librillano, y lo digo sin acritud.

En mi opinión, creo que los librillanos deberíamos hacer más hincapié en proteger  nuestro patrimonio histórico. Todavía estamos a tiempo de salvar lo poco queda en pie como las posadas que hay frente al viejo Olmo del Lavador y otros monumentos como La Escalera del Moro; una antigua acequia de la época árabe. De los otros poco sé.
Sin más, un cordial saludo a mis vecinos si es que llegan a leer esto un día. :)


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domingo, 10 de marzo de 2013

El fuego de las leyendas

Sin piedad
Álzate a los cielos como leyenda
Observa vientos fríos y azules como el mar
Vientos que desgarran el corazón
Y sin darte cuenta mira fijamente
Inerte y sonriendo.
Desesperado desearás tocar
Un atisbo de bondad como aquella misma que soñaste
Tus ojos todavía inocentes desconocían el camino a recorrer de tu destino
Pero algún día sabrás valorar todos tus logros y olvidarás esas alas que buscan
Un nuevo futuro que nadie más puede hallar
En las últimas horas el Ángel cruel atravesará la ventana de tu alma
Cuando trates de mancillar el altar de todos tus recuerdos
Y después de eso el Ángel contará marcha atrás tus latidos
Así que tendrás que mantenerte firme y abrazar el fuego que perdura eternamente
Y en esa última inspiración de aire abrazarás todo el Universo que llegó a ti y que despedirás no como la estrella resplandeciente de entonces...puede que pequeño e insignificante fuego robado a los dioses.
La existencia de todo.



*Escrito por Félix Manuel Olivera González, Librilla 2.013


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miércoles, 6 de marzo de 2013

VOLVERÁS AL LIBRO; FINAL


VOLVERÁS AL LIBRO


 
El soldado y el libro


-¡Vamos chaval! ¡Dispara!-exclamó un soldado, que apuntaba con un rifle a un joven de aspecto ario, aunque también judío, de no más de doce años. -¡No vaciles!-
La pistola del muchacho oscilaba con los temblores de su mano, y las gotas de sudor descendían por su frente sin cesar. Después de todo, el niño se veía incapaz de acabar con la vida de su madre.
-¿Has leído la Biblia alguna vez?-le consultó el soldado con el semblante solemne.
-Lo que dios consideraba un verdadero acto de fe, era cuando forzaba a sus seguidores a traicionarse a sí mismos, y en tu situación, lo sería sacrificar a tu madre. Te lo pondré claro con un ejemplo; digamos que tú eres Abraham, el predecesor del rey de los judíos, y tu madre, su único hijo, engendrado por la gracia de dios, que soy yo, porque tengo el rifle apuntando a tu cabeza.-
Mientras tanto, el muchacho no paraba de temblar y había cerrado los ojos tratando de evadirse. Su madre estaba  amordazada e inmóvil. Se la oía sollozar con desesperación.
-Imagina que dios te pide que la mates como un acto de fe; ¿la matarías?
No hace falta contestar a eso, ¿verdad?  Está claro. Pero, y si te dijera que dentro de muy poco tú serás un verdugo al no matar a tu madre, entonces; ¿dispararías?-
-Soldado, ¿y no has pensado que antes que matar a mi madre escogería morir yo?-formuló el joven, que había comenzado a alcanzar un poco de serenidad en su mente.
-No, no era eso lo que te estaba preguntando, de cualquier modo, ya se acercan las doce y el momento de tu ejecución. Tienes quince segundos para contestar, y de lo que digas dependerá tu futuro.-
-Anoche, mientras transcurría la invasión en el gueto tuve un sueño, soñé con un mundo en el que los humanos se respetaban  sin ninguna concesión, soñé que la guerra había sido una mala pesadilla y justo al final deseé que no fueran los inocentes los que más sufrieran. Pero estaba equivocado, soldado, y ahora viene lo más interesante y lo que responderá a tu pregunta. La única forma de vencer en esta vida es haciendo el mal a los demás, y mi respuesta es sí. Dispararé.-declaró el muchacho, cuando alzó la mano en la dirección del rostro de su madre y le metió una bala entre ceja y ceja. El sonido de la deflagración fue ensordecedor, y finalmente la sangre fluyó.
-Bien hecho.-aseguró el soldado. -No te mataré y como recompensa te revelaré un secreto.-le anunció el soldado. -Se trata del libro que ves entre mis manos, sólo que está en blanco. Vamos, escribe algo, lo que sea, aquí tienes una hermosa pluma de faisán.-
-Cómo empezar…-dijo el niño, aún temblaba por la excitación del momento. -Bien, al otro lado de este mundo existe un lugar de ensueño, se vislumbran maravillosas tierras rebosantes de maná y magos poderosos bendecidos por Kiel Aklator.-escribió Danke, y luego narró en voz alta.
-Continúa con el relato, no te detengas.-le dijo el soldado al narrador.
-Pero, ¿qué son los magos malignos sino nigromantes?-
-Por supuesto.- contestó el soldado afirmando con la cabeza, al tiempo que contemplaba el rostro desangrado de la madre con una amplia sonrisa.
-…y allí, todos buscarán con ansia un lugar del cosmos, el que contenga todas las respuestas a los enigmas de sus vidas y del Universo.-
-Continúa…-dijo el soldado.
-Pero, ¿qué es el lado opuesto del cosmos sino el…?-
-Anticosmos.-le respondió el soldado satisfecho.
-Sí, es lo que yo había pensado.-dijo el muchacho, y luego sonrió brevemente.
-Ya puedes soltar la pluma.-
-¿Por qué he de hacerlo? Me gusta la sensación de ser el creador de esta historia.-
-Porque ahora ese lugar ya existe fuera del papel.-anunció el soldado. -Y con respecto al libro y la pluma de faisán puedes quedártelos y continuar escribiendo.-
-No puedo darte las gracias por lo que me has obligado hacer, pero sé que mi vida acaba de cambiar y cobrar sentido. Hoy me marcharé de aquí y algún día llegaré a ese lugar.-
-Yo también dije lo mismo que tú hace mucho tiempo. Te deseo suerte con la búsqueda; pero al final tendrás que volver de allí...-murmuró esto último para sí mismo.
-Una última cosa, soldado sin escrúpulos. ¿Quién eres en realidad?-
-Si te lo dijera, no me creerías. Los otros tampoco lo hicieron.-contó el soldado con cierta amargura.
-Te creeré, vamos dímelo. ¡Lo juro!-le insistió el niño.
-Yo, no soy el sargento Hartman, sólo un soldado más, un verdugo, qué más da, tu madre ya está muerta y la guerra acaba de comenzar.-
De pronto, una oscuridad lo envolvió en las sombras de una calle interminable, despareció y abandonó al joven Danke a su suerte hasta que llegara el momento en que el círculo se completase para cumplir el destino de una historia inmortal.

La habitación de Teresa

Teresa saltó hacia delante y agarró con fuerza la espada de Roxwell. De repente, sus ojos se tornaron furia y refulgieron en el argénteo metal cual volcanes desencadenados.
El tiempo se había detenido en su habitación y el cadáver ensangrentado de Jack Black Bahuer yacía inerte sobre el suelo sosteniendo aún la malograda estilográfica.
Azrael no se inmutó por la presencia altiva de Teresa, apretó con fuerza la Lanza del Destino e intentó darle una estocada en el corazón.
Pero Teresa le respondió con el revés de su espada y los metales chirriaron sonando de forma desagradable, y soltando chispas incandescentes. Luego, Teresa formuló con solemnidad estas palabras:
¡La espada del Rey Matacuervo doblegará las mentes débiles!
¡Mentes como la tuya!
Y Azrael el sabio se llevó las manos a la cabeza con urgencia.
En ese instante, su mente se estaba resquebrajando como un palacio de cristal ocupado por miles de tenores de ópera y la Lanza del Destino le ardía en la palma de la mano. Finalmente, Azrael tuvo que soltarla porque ésta comenzó a derretirse abrasando su piel y cociéndole las falanges que asomaban desnudas al aire.
Después, Azrael dio dos pasos hacia atrás mareado por el dolor de la mano, atravesó la puerta de la habitación de Teresa, tropezó y finalmente cayó rodando por el acantilado del Faro a las profundidades de los Mares de la Eternidad, donde le estaba esperando Deynonichus con las fauces abiertas. El reptil demostró ser con él vengativo hasta el final.
Una mancha de sangre circular ondeando sobre el ancho mar fue lo último que se contaría de este singular personaje.
Poco después, Teresa abandonó la habitación y atravesó la puerta que llevaba a aquel extraño e imperecedero mundo marino.
La barca que había construido Azrael aún permanecía a los pies de la Ciudad Laberinto, y no se había movido del sitio ni un ápice.
Teresa se subió en ella con la única compañía de la espada y se dejó arrastrar por las corrientes del mar del Anticosmos.
Posteriormente, Teresa navegó en soledad por espacios de tiempo inmemoriales en una noche eterna que parecía advertir un final que se aproximaba. Cercano.
Hasta que de pronto, apareció ante ella la luz del Faro de la Eternidad que la guió hasta aquel místico y apartado lugar.
Luego, Teresa bajó de la barca, cogió la espada, cruzó la playa perseguida por los Lincerillos hasta la orilla y avanzó por un sendero pedregoso hasta alcanzar la entrada del Faro de la Eternidad.
Cuando de pronto, la puerta se abrió ante ella y los Cuervos la invitaron a que pasara al interior con aire de reverencia, y allí la esperaba Danke ansioso.
El verdadero origen de esta historia; también conocido como el Guardián de la Eternidad y un famoso “Carpintero”, o como lo preferiría llamar yo; “Un Artista”.
-Te estaba esperando, Teresa, durante mucho tiempo he esperado este momento. Acércate muchacha.-le dijo Danke entusiasmado.
El hombre inmortal seguía sentado en el mismo sofá desgastado por el paso del tiempo y la casa estaba en las mismas condiciones en las que se la encontró Azrael, sólo que ahora todos sus habitantes detentaban un rostro. Recordemos las ratas que también pululaban por allí.
Y entonces Danke volvió a hablar...
-Este es el final del Testamento del Cuervo. Aquí termina el viaje que comenzó hará largo tiempo. ¿Qué traes contigo, Teresa? ¿Y dónde está Azrael el sabio?-le preguntó Danke intrigado.
-Lo abatí con la espada del Rey Matacuervo. Esta espada.-sentenció Teresa con la cara inexpresiva, y se la mostró haciendo un aspaviento con el brazo.
-¿Así que tienes una espada capaz de doblegar las mentes débiles?
Pues creo que ya va siendo hora de abandonar la retórica, Teresa. Creo que nuestros lectores esperan una resolución más oscura. ¿No?-

¡¡¡QUE DE COMIENZO EL TESTAMENTO DEL CUERVO!!!

…todo comenzó a desintegrarse y a desaparecer alrededor de Teresa, pero sus ojos contemplaron el color de una historia que ocupaba varias existencias terrenales y que mostraré simplificada por lo extenso de dicho relato.
Una gran piedra estelar impactó en la Tierra que siempre conoció el hombre en un momento indeterminado de la historia y trajo consigo a Ingvar, la primera forma de vida que creó Kiel Aklator, el dios supremo de todas las cosas que existen... y mucho más tarde, cuando Danke era tan solo un niño, recibió un libro de las manos de un soldado muy cruel que le obligó a asesinar a su madre. Lo más destacable es que este acontecimiento tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial.
Poco después, Danke se puso a escribir y creó una historia inmortal a los doce años que se titularía el Nigromante del Anticosmos, y este ser nunca sería alguien definido y nunca cubriría su vacante por mucho tiempo.
Después, Danke se convertiría en un afanado carpintero y crearía una rata robótica a la que nombraría Woodworld.
Pero al final, Danke se convirtió en el victimario de su historia y Mike lo mató antes de que pudiera hacerse con el cohete de la reserva Dunfront para alcanzar la Tierra Prometida, encontrar las ruinas de Sanctórum y convertirse en el Rey del Tiempo.
Sin embargo, la existencia de la Ciudad de los Espejos le permitió continuar en el Universo terreno, y tras morir, Danke se instaló en el Faro de la Eternidad a la espera de los reflejos de Matacuervo; que más tarde le devolverían el rostro en su presencia.
Tras contarle la historia de su vida a Teresa, Danke cogió una antigua y olvidada pluma de faisán, sacó un cuaderno de debajo del sofá y luego se lo mostró a Teresa con una sonrisa.
Después, introdujo la pluma en el tintero, la sacó con cuidado, comenzó a escribir y esto fue todo que había que contar sobre Danke por ahora.



VOLVERÁS AL LIBRO


La última hoja de la partitura permanecía en el soporte de un órgano, mientras que una lluvia torrencial atronaba sobre los tejados de la catedral.
La reciente Nigromante del Anticosmos había horadado los mares con su barca durante eones, tal y como le explicó la voz de Danke hasta alcanzar la playa de un mar rojo, que se movía a través de las faldas de un santuario inmemorial.
Creía haberlo encontrado y estaba a punto de tocar la última nota de un órgano descomunal, un sí estridente, un último aullido del averno que diera comienzo al fin.
Acababa de descubrir que el Anticosmos era algo intangible, y que éste se alzaba ante ella de una forma que nunca imaginó.
A su alrededor, se apostaban formas etéreas que lanzaban cánticos en voces conocidas, y tal vez soñadas por algún amor anterior.
Todo había sido real y el Anticosmos en algo se parecía a la escritura.
Al final, todo cobraba sentido, ella y sus amigos habían formado parte de una composición literaria de Danke.
Teresa metió la mano en el bolsillo del camisón y sonrió al sostener el Anticosmos entre sus dedos, no pesaba, y en algo se parecía a la escritura. Sabía que tendría que decirlo en voz alta, y que eso traería consecuencias, aun así lo dijo, al tiempo que ejecutaba sobre la tecla del órgano un sí agudo, un último aullido infernal.
¿Es el Anticosmos el primer pensamiento humano?-preguntó Teresa con los ojos cerrados.
De pronto, en algún recóndito lugar una niebla espesa oscilaba con calma expandiendo sus ramas en la fachada de un destartalado caserón, situado en lo más inhóspito del bosque de la reserva Dunfront, en el cual, una adolescente llamada Teresa contemplaba con melancolía como se marchitaba el otoño a través de la ventana de su alcoba.
La fría estancia ya se hallaba lo suficientemente limpia como para complacer a su madre, la señora Hárbury.
La muchacha advertía que esa pulcritud se debiera quizás a un intento por ocultar su pesar interior, algo que notaba pero que con toda certidumbre no fue siempre así...

Fin
 

Cuando los Cuervos presenciaron el auténtico final de Teresa y el Nigromante del Anticosmos escrito por Danke, sus cuerpos se fusionaron en uno y regresó la conciencia real de Matacuervo.
De modo que Matacuervo volvió a ocupar su cuerpo humano, apareció desnudo, renacido y cubierto de cicatrices.
Después, Matacuervo sujetó la espada capaz de dominar las mentes que siempre le perteneció y se la clavó a Danke en el corazón con una furia desmedida.
Al tiempo que la sangre ascendía por su garganta, Danke abrió los párpados y se limitó a observarle con los mismos ojos de rabia con los que miró a Mike en su enfrentamiento final junto al cohete en la reserva Dunfront.
Ahora, los albores de la Segunda Guerra Mundial y el soldado y el libro eran tan solo un eco en sus oídos, cuando la muerte aún flotaba en el ambiente, los hombres continuaban con sus quehaceres esperando promesas que romper, recuerdos que olvidar y vivencias que remitían a su dolorosa infancia; y sus últimas palabras envueltas en un odio infinito fueron:


¡Al fin lo recuerdo! ¡Por Kiel Aklator que recuerdo tu rostro! ¡Tú eras el maldito soldado!

¡¡¡Matacuervo!!!





*Escrito por Félix Manuel Olivera González, Librilla, 06/03/13

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viernes, 15 de febrero de 2013

Refranes, cosas tradicionales y no tanto que me contaron...



 REFRANES, TRADICIONES, ADIVINANZAS Y CANCIONES POPULARES

por: Félix Manuel Olivera González

<<Si la Candelaria flora; el invierno ya está fuera. Y si no flora; ni dentro ni fuera.>>


<<Febrerico el corto; un día peor que el otro.>>


<<Marzo rabotero; unos días hace bueno y otros hace malo.>>


<<En Marzo busca la sombra el perro.>>


<<¿Cuánto valen diez pimientos valiendo un real el ciento?>>
...




<<Tiritinga, tiritinga,
               No vayas por agua al río...
             Que detrás de una peña...
                Hay un Gallego escondío.>>






Para criar pollos pequeños, tiene gracia XD

<<Darle un grano de trigo al día a un pollito recién nacido evitará que se muera de inanición en sus primeros días de vida cuando pierde los nutrientes que le aportaba la yema del huevo.
Lo dejo como curiosidad ya que esta tradición es centenaria, pasó de padres a hijos; al menos eso me dijo el que me lo contó.>>

<<Hasta el más tonto sabe hacer relojes.>> 

<<Buenos días si la sartén chirría.>>

<<Todo lo que sale por Televisión es Mentira.>>

 <<Septiembre es el mes de los membrillos.>>

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lunes, 11 de febrero de 2013

Jack
Black Bahuer coge el testigo

escrito por Félix Manuel Olivera González, Librilla; 11/02/2013





Ante Jack se extendía un mar rojo e infinito como el universo, un mar de sangre que sabía con certeza que tenía que cruzar para alcanzar su destino.
El mar del Anticosmos parecía salido del sueño que podía haber tenido, si pudiese, una hecatombe nuclear y era de un color rojo explosivo.
Ahí afuera había otras aves voraces y carroñeras mucho más poderosas que él intentando darle caza y se trataba de los tenaces reflejos de Matacuervo.
Ya habían transcurrido unas horas después de que Jack le hubiese atravesado el tórax a aquel Cuervo gigante con la Lanza del Destino, y de haber hecho temblar los cimientos de la Ciudad de los Espejos hasta que esta quedara completamente sumergida.
Luego, Jack Black Bahuer contempló a Ángela con atención a través del fragmentado Orbe Espejo de las ruinas de Sanctórum y comprendió al instante que ella iba en su busca para matarle subida a lomos de otro Cuervo y precedida en el vuelo de otro idéntico.

Sin embargo, la huida que iba a emprender no iba a ser fácil, Jack necesitaba un barco para poder huir de la playa eterna y no había nada que pudiera considerarse flotante a kilómetros de ese triste lugar.
Jack intentó recordar todo lo que había pasado, no obstante no estaba seguro de nada, sólo tenía el presente golpeándole con fuerza en las narices y creyó de forma inocente que siempre había sido así. Pero todo tiene un comienzo, o al menos eso nos hacen creer desde que nacemos los hombres y así Jack lo terminó por creer.

Todo trata de eso al final de todas las cosas, de la fe que se ponga en ellas, y Jack acabó derrotado por el camino de sus pies sedientos de travesía.
El viaje hasta llegar allí había sido una pesadilla. Después de pensar en ello se sentó a la orilla del mar al que nombró “Ancho mar del cosmos” y por primera vez en su vida pensó en terminar con ella.
Quiso dar comienzo al auténtico final de su existencia. Pero la forma de hacerlo le asustaba, sumergirse entero en el agua e intentar dejar de respirar mientras tus músculos desean lo contrario es una tarea colosal, y también pensó otras formas que no contaré ahora porque Jack se encaminó hacia el mar barrido por otro pensamiento.
Luego, se quitó la ropa desgastada del viaje y se bañó en las aguas de color granate que a saber por qué razón habían acabado de esa tonalidad.
Sus pies se hundieron en el fango de la orilla y multitud de pececillos con bigotes ondulantes comenzaron a comerle a bocados las pieles muertas de los pies.
Jack los llamó Lincerillos porque parecían linces con cola de pez, y estos eran tan diminutos como el dedo índice de un hombre adulto.
Sin previo aviso, algo provocó una sacudida en el agua a pocos metros de él que sobresaltó a los Lincerillos, que a su vez huyeron despavoridos hacia las rojas profundidades en las que habían sido creados por algún dios.
Jack vio lo que parecía ser la cola verde y escamosa de una criatura grande ondulando la superficie del mar, y no se movió del sitio esperando a que lo que fuera se alejara.
Sin embargo, ese ser misterioso no lo hizo porque poco después hubo otra sacudida más cerca de él, y a Jack se le ocurrió que la idea del suicidio había sido una estupidez ya que el monstruo que se movía a su alrededor iba a facilitarle el trabajo.
La Lanza del Destino estaba tirada en la arena de la orilla y Jack no tenía forma alguna de acceder a ella para lograr defenderse del monstruo.
Así que Jack comenzó a dar saltos salpicando agua con los brazos y las piernas en todas direcciones para poder alejar a la bestia.
De pronto, Jack escuchó un zumbido en el aire parecido al que hace una abeja al volar y sintió una picadura de insecto en el pescuezo, luego se tocó la hinchazón con la mano y vio con sorpresa un rastro de sangre cubriendo la palma de su mano.
Tras él había un ser semejante a un cocodrilo bípedo de ojos fieros y amarillentos que había fallado en la primera mordedura. Apenas logró rozar a  Jack.
En ese momento, la bestia se preparaba para dar la segunda dentellada cuando Jack cayó en la cuenta de que su destino no era morir todavía, había descubierto que aún quedaba vida en esa tierra y que quizás no fuese el último ser humano de ese mundo peligroso.
De modo que Jack se giró hacia el cocodrilo con aplomo, lo miró fijamente a los ojos y dijo una palabra que ahora más que nunca le devolvió el sentido a la historia del Nigromante.

Jack Black Bahuer dijo:
Anticosmos

Y el pensamiento se dirigió hacia la bestia como una flecha mortífera que le traspasó el cerebro de animal salvaje.
Jack no comprendía lo que había dicho pero quedó conforme con el resultado. Entonces, el cocodrilo se puso a cuatro patas como una alimaña cualquiera.
Sus ojos olvidaron la amenazante mirada que lanzaban segundos atrás y se tornaron húmedos y amigables.
Luego, el cocodrilo giró la enorme mandíbula cubierta de escamas octogonales en un extraño gesto que parecía un saludo y le invitó a subirse sobre él, a lo que Jack accedió sin demora y sonrió feliz. Jack parecía contento a lomos de esa criatura y ya podía cruzar el ancho mar del cosmos.
Poco después, Jack se paró un momento a pensar abstraído por una idea repentina, y le ordenó al cocodrilo que se detuviese.
Por un momento, Jack se había olvidado de la importancia de la Lanza del Destino, así que volvieron a la playa y Jack la recogió del suelo con cuidado.
La criatura reptiliana le esperaba encogida en la orilla y las espumosas olas se mecían entre las escamas desgastadas de sus firmes patas.
A su vez, el viento mecía las olas de un mundo que era reflejo triste y olvidado de días pasados, quizás mejores.
Jack sostuvo la Lanza del Destino entre sus dedos con fuerza y notó que ésta apenas pesaba en ellos. Era tan liviana como una hoja amarillenta que surca el viento otoñal.
Luego, la alzó al cielo con gravedad contrayendo los músculos del brazo y gritó enfurecido cual bestia poseído por el coraje del Rey Arturo y los valientes caballeros quijotescos de toda buena narrativa épica.
Después, su gesto grave se tornó perplejo cuando contempló una luz que iba iluminando la oscuridad de las aguas del mar de la eternidad.
Entonces, Jack la siguió decidido y viajaron toda la noche sin descanso tras su reflejo aunque el joven escritor echó de menos algo que poder llevarse a la boca.
Jack desconocía la cantidad de horas que llevaba sin probar bocado y su tripa gruñía enfadada con insistencia.
Sin embargo, el cocodrilo ya había atrapado varios peces con sus mandíbulas y no le ofreció ninguno a Jack. En el fondo la bestia seguía siendo eso, tan egoísta y vil como cualquier otro ser incivilizado.
Sin esperarlo, llegó el amanecer que hizo desaparecer las sombras y volvió innecesaria la hermosa luz del faro de la eternidad.
El sol volvió a brillar en el cielo con la majestuosidad de un dios inmortal para sustento de los mortales.
A partir de aquí Jack se extravió en su viaje y ya no sabía a dónde dirigirse ni qué hacer. Estaba completamente perdido en la duda y la desesperación.
El sol continuaba brillando en el cielo y unas pocas nubes lo cubrían cada pocos minutos dejando un rastro de sombras intermitentes sobre las aguas y el cuadro lejano de la realidad.
Las nubes siempre cambiantes pacían como ovejas en el éter como símbolo de la eternidad. Toda metáfora válida es una nube del cielo. Las nubes…
Pero el mar eterno del Anticosmos había cambiado su tonalidad rojiza y poco a poco se había tornado de un color azul turquesa y transparente.
Jack meditó en silencio durante varias horas antes de hablar.
-Te voy a llamar Deynonichus, porque cuando era pequeño amaba y conocía a todos los dinosaurios, y en especial a los carnívoros. Esos reptiles terribles que los“Antiguos” llamaban dragones escupe fuegos. Fuente de mis primeras discrepancias creacionistas en oposición a las bíblicas y que después armaría en pensamiento de nihilista metafísico muy poco conformista.
Deynonichus está bien.-concluyó Jack con el acierto de
un iluminado filósofo de la Academia de Grecia.
La bestia asintió feliz aunque ese momento agradable y efímero se interrumpió cuando vieron acercarse una barcaza mal construida en la que viajaba alguien envuelto en las sombras. El pelo greñoso del viajero se movía al ritmo del viento y de las nubes.
Cuando al fin estuvo junto a Jack vio que se trataba de un guerrero curtido y de semblante duro cual roca que afrenta las aguas en el acantilado más escarpado que haya oteado arriesgado viajero.
-Saludos joven, vengo navegando de los mares del interior para hacerte entrega de esta importante caja.
Un anciano farero me la entregó para ti, y perdóname por no haberme presentado antes como es debido. Mi nombre es Azrael y algunos dicen también que soy "El sabio".-explicó.
-¿Y por qué razón iba a aceptarla? Lo único que quiero es volver a mi casa de Lie Twon.
No pretendo nada más. Estoy harto de esta historia y me arrepiento de todo lo que ha sucedido.
Quiero volver a casa por encima de todas las cosas aunque sea por el camino de las baldosas amarillas.-le dijo Jack con desesperación.
-Pues muchacho, puede que la respuesta que necesitas para volver a tu pueblo esté guardada a recaudo en el interior de esta caja de incalculable valor.-le dijo Azrael ofreciéndosela con el gesto reiterativo de su mano callosa y repleta de cicatrices de guerra.
-No lo creo posible, pero dámela.
¡Qué demonios! ¡¿Es que hay algo normal en estas tierras?! ¡Si hasta los mares cambian del rojo al azul turquesa sin motivo alguno!-exclamó Jack, que la observó con detenimiento y la abrió con lentitud al tiempo que miraba a Azrael esperando una inminente detonación que los hiciera saltar en pedazos.
De pronto, Jack empezó a notarse mareado al tiempo que infinidad de palabras le atravesaban el cerebro y sentía que le iba a estallar la cabeza. Finalmente, Jack soltó La Caja que cayó al suelo a favor de la ley gravitatoria y ésta se rompió en infinitos fragmentos. La misma creación de la caja siempre sería un misterio.
La realidad de Jack comenzaba a distorsionarse y el joven se desvaneció de la conciencia despierta para viajar a merced de luces parpadeantes y blanquecinas.
Mientras viajaba en aquella espiral de vueltas y más vueltas Jack vio junto a él a un hombre impío transformase en lechuga, pero en el mundo abstracto lejos del soñado Azrael lo sujetó para que no cayese desmayado al agua cuando ésta misma comenzó a burbujear y las placas tectónicas del mundo profundo temblaron. Los rifts submarinos bailaron al ritmo de "Looking for Freedom".
Algo monstruoso emergió de las aguas sin más. Algo que era digno de infinitos arquitectos de la locura.
Conforme iba saliendo a flote podía intuirse una enorme ciudad construida como un laberinto.
Entonces, Jack sintió que las palabras que había depositado en su mente a lo largo de toda su vida creaban una ciudad repleta de infinitos recovecos, de calles desiertas por las que habitaban dolorosos recuerdos de amigos, mujeres, familiares y muerte, y que La Dama inmortal estaba esperándole sentada en un trono invisible ubicado en el centro del laberinto para sofocar ese dolor y sufrimiento eterno. Percibió a duras penas el retorno a la madre y su eterna leche primogenia resbaló por las comisuras de sus labios.
Entonces, Azrael golpeó a Jack en la cara hasta que recuperó el conocimiento, luego el muchacho se despertó muy aturdido y miró a su alrededor con los ojos blancos y desorbitados.
-¡Mira allá!-le dijo Azrael señalando el horizonte y las lejanas y tímidas nubes del sur.
Dos aves negras y enormes avanzaban hacia allí a toda velocidad batiendo la oscuridad de sus alas y dejando atrás la malicia de un animal odiado por siglos y asociado a la muerte por tantos escritores malditos.


-¡Tenemos que escondernos, presiento que vienen por nosotros!-le gritó Azrael a Jack, que todavía parecía no haber vuelto de un viaje de alucinaciones causado por drogas opiáceas.
Sin más demora, Azrael lo sujetó y lo arrastró hacia su barca pero Deynonichus, el infatigable cocodrilo domado, bramó e intentó derribar a Azrael y éste no tuvo otra opción que coger la Lanza del Destino y amenazar a Deynonichus que se sumergió asustado agitando su cola de saurio.
Entonces, Azrael cargó a Jack en sus hombros, se acercó a la Ciudad Laberinto y arrojó al muchacho al suelo frente a la entrada. Allí, una antigua puerta de madera labrada por un artista y con infinitos símbolos arcanos les cerraba el paso.
-¡Vamos, ábrela!-le instó Azrael a Jack con desesperación. El guerrero estaba muy nervioso por la situación.
-¡¿Qué?!-le contestó un Jack más recuperado de su viaje hipnótico. (En ese lugar, Jack había contemplado al hombre lechuga y su redención con una dama blanca que se transformó en garza y que se marchó dando por finalizado su oscuro corazón.)
-¡Tú sabes cómo abrirla!
¡Yo vi como esa mole orgánica y sin forma salía de tu mente! ¡Joder, yo lo vi! ¡Mierda, ya están aquí! ¡A cubierto Jack!-exclamó Azrael aterrado pero manteniendo el tipo, mientras que se preparaba mentalmente para batallar.
De pronto, uno de los Cuervos se abalanzó con sus garras abiertas contra Jack que cayó al suelo soltando sangre por la boca y el otro Cuervo alcanzó la Lanza del Destino que permanecía oculta en la barca.
Luego, se la pasó con el pico a La Dama y ésta se la lanzó finalmente a Jack para matarlo de una vez por todas.
Mientras que sucedía todo esto Azrael continuaba aporreando con rabia la puerta de la Ciudad Laberinto y la Lanza del Destino surcaba el aire cortándolo a la velocidad del mismísimo rayo del Señor del Olimpo.
Ángela aún tenía el brazo adelantado por el esfuerzo del lanzamiento y el rostro de una loca recién sacada de un hospital mental.
En otro plano Teresa continuaba escribiendo en su libreta pese a los golpes reiterados en la puerta de su dormitorio. No se inmutaba por nada ni nadie y su mente permanecía imperturbable para el mundo exterior.
Como por un extraño e inesperado giro del destino Azrael se giró sobre sí mismo, vio venir la lanza y empujó a Jack a un lado, pero éste resbaló por el estrés de la situación y fue empalado justo por el tórax contra la puerta arcana en lugar de Jack Black Bahuer. Con lo que Azrael volvió a morir.
Cuando Teresa vio como una lanza goteando sangre humeante atravesaba la puerta de su dormitorio decidió soltar la estilográfica y contempló aquello horrorizada.
En ese momento, Jack estaba indefenso ante la ferocidad de los Cuervos, y el odio infinito de Ángela le atravesó el alma como un puñal envenenado.
-Eres escurridizo, maldito Jack.-le sonrió La Dama con ironía.- Pero tu tiempo en estos mares infinitos ha concluido para mi dicha.-
-¿Cómo has dado conmigo? ¿Eres en verdad una clase de clarividente? O simplemente una zorra que no descansará hasta verme muerto.-le preguntó un Jack enfurecido y desafiante.
-No olvides que por ser La Dama tengo ciertos contactos para averiguar cuanto desee, y ahora prepárate para morir. ¡¡¡Nigromante del Anticosmos!!!-
-¡Mi nombre es Jack! ¡¡¡¡ZORRA INFERNAL!!!!-le gritó enfurecido, mientras se incorporaba del suelo con gesto amenazante.
-Muy bien.-sentenció Ángela.
-¡Tú lo has querido Jack Black Bahuer de Lie Twon!-
La Dama sacó con frialdad la Lanza del Destino de las entrañas de Azrael, se la clavó a Jack en la pierna a la altura del muslo y el joven cayó doblegado al suelo, que lanzó un grito de intenso dolor. La sangre brotaba de su carne lacerada como un grifo abierto.
Entonces, los Cuervos lo sujetaron por las extremidades con sus patas y lo inmovilizaron en el aire como a un crucificado.
En esos oscuros momentos, Jack estaba muy malherido y la esperanza se había disipado de su mente por completo. Jack estaba contemplando la muerte.
-¿Unas últimas palabras, Jack?-le preguntó La Dama con una sucia sonrisa en la cara. En seguida, La Dama gimió calladamente a causa de un placer interno que estaba a punto de estallar.
Se sentía más loca que nunca y no le importaba lo más mínimo.
-Por supuesto... ¡¡¡D-E-Y-N-O-N-I-C-H-U-S!!!-exclamó Jack con la voz salida de sus entrañas, y luego cerró los ojos abatido por el sufrimiento.
En ese instante, el cocodrilo marino al que Jack había nombrado Deynonichus se alzó con majestuosidad de las aguas abriendo las fauces y asustando a los Cuervos que huyeron despavoridos a la seguridad de las corrientes de aire.
En seguida, La Dama se giró y contempló su propia muerte, sus ojos inyectados en sangre hablaban de mundos infernales a los que ahora iba a hacer una visita obligada; su placer se tornó tortura y dolor inmediato. Todo fue tan breve como el recuerdo de un gélido día de invierno.
De una feroz dentellada Deynonichus le arrancó la cabeza a La Dama y el cuerpo decapitado de ésta se cayó hacia atrás rodando por el ascenso pedregoso hasta sumergirse en las profundidades marinas donde serviría de alimento a los voraces y hambrientos Lincerillos.
Las plumas negras que se habían desprendido del traje de La Dama aún se mecían en el aire cuando ella ya viajaba al inframundo. La Dama murió de forma definitiva, se terminó para siempre y su final fue deshonroso. Finiquitó su existencia dejando vacío el trono invisible de la Ciudad Laberinto y el dolor eterno salido de la mente de Jack Black Bahuer.
De pronto y casi por arte de prestidigitador se abrió la puerta de la Ciudad Laberinto y el brazo enclenque de una joven agarró a Jack tirando con fuerza y arrastrándolo con ella. Seguidamente, la joven cerró la puerta con un portazo estruendoso que sonaba a madera vieja y carcomida. Después se hizo el silencio sepulcral.
El pobre Deynonichus soltó un alarido envuelto en pena, ahora vagaría solitario y buscaría mejor fortuna en los mares perdidos del eterno Anticosmos, puede incluso que una buena hembra le calmase la pena y la separación de Jack no fuese tan terrible.
Los Cuervos que se habían alejado volando tras la disputa junto a la puerta del laberinto llegaron al faro perdido del viejo solitario que decía ser la sabiduría, y que aparentemente no tenía rostro.
Al final, el anciano del torreón de la eternidad les abrió la puerta y pasaron al confortable interior con él.
Allí, el rostro desdibujado del viejo comenzaba a tomar forma en presencia de los Cuervos y estos se arrodillaron ante él con sumisión. En realidad se trataba del Rey del mal y el verdadero origen de esta historia.
Era Danke; y el tóxico verdor de sus ojos centelleó cuando recordó a Mike hundiéndoselos con los pulgares en otro plano de la pasada existencia. Antes del hundimiento de La Ciudad de los Espejos.
Con la calma que precede a la tempestad Teresa contempló atónita a Jack. Su compañero del taller de lectura en Lie Twon parecía cambiado, estaba malherido en una pierna, ensangrentado y por todo ello le tenía cierto miedo.
Jack tomó aire, cerró los ojos y luego miró fijamente a Teresa. Luego, Jack abrió la boca todavía jadeante y le dijo con enojo estas palabras.
-¡¡¿¿Puede saberse qué cojones has estado escribiendo todo este tiempo??!! ¡¡TERESA!!-
Y Teresa muy indignada le mostró una pequeña libreta naranja, al parecer, bastante común en todas las papelerías de Lie Town.
Sin embargo, ante los ojos perplejos de Jack apareció un ridículo poemario y algunos relatos de quinceañera desbocada y con cierta tendencia a lo barroco. Nada digno de reseña alguna.
El muchacho continuó con los ojos abiertos de par en par al contemplar con ellos que los hechos acaecidos nada tenían que ver con lo que Teresa había venido escribiendo todo el tiempo.
Jack lo comprendió y se quedó callado durante unos minutos. Luego, le arrebató la estilográfica a Teresa y comenzó a escribir en la libreta su propia historia.
Como Mike dijera con anterioridad en aquella conversación con la otra Teresa en la playa del Anticosmos y sin plena certeza.

“Puede que esta historia sólo tenga que ver con lo que ocurre alrededor del Nigromante del Anticosmos.”
De modo que las primeras letras que Jack escribió fueron que Azrael el sabio volviese a la vida para ayudarles a deshacer el entuerto que se había formado.
Y por arte de su estilográfica Azrael volvió a resucitar para la historia.
De modo que el guerrero de las leyendas abrió los ojos de par en par, después la puerta de la Ciudad Laberinto que llevaba al dormitorio de Teresa, tras esto introdujo la Lanza del Destino en la habitación y finalmente atravesó con fuerza el pecho de Jack Black Bahuer ante la cara desencajada de Teresa que lanzó al aire un alarido de terror intenso y que en pocos segundos fue ahogado por la mirada demente que ahora se dirigía hacia ella. El tiempo se congeló por el clima aterido del momento y el destino de la caja se estaba cumpliendo paso a paso.


Aclaración del autor

Estimado lector:

Ese que acabáis de leer fue el final del Testamento del Cuervo que escribió Jack Black Bahuer. El final en esta historia para Jack y escrito por Jack.
En ese instante, sólo quedaba viva Teresa, la última escritora de esta historia y la joven nunca olvidaría ese horrible momento de indefensión en su habitación.
El lejano Anticosmos ya estaba más cerca que nunca para ella y sus ojos se giraron nerviosos hacia la espada resplandeciente y mágica de Roxwell, un arma que era capaz de doblegar las mentes débiles.
Le tocaba a ella escribir el último capítulo del Testamento del Cuervo. Al que en su mente ya había titulado sin saberlo.



Volverás al libro…





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