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El soldado y el libro
-¡Vamos
chaval! ¡Dispara!-exclamó un soldado, que apuntaba con un rifle a un
joven de aspecto ario, aunque también judío, de no más de doce años.
-¡No vaciles!-
La pistola del muchacho oscilaba con los temblores de su mano, y las
gotas de sudor descendían por su frente sin cesar. Después de todo, el
niño se veía incapaz de acabar con la vida de su madre.
-¿Has leído la Biblia alguna vez?-le consultó el soldado con el semblante solemne.
-Lo que dios consideraba un verdadero acto de fe, era cuando forzaba a
sus seguidores a traicionarse a sí mismos, y en tu situación, lo sería
sacrificar a tu madre. Te lo pondré claro con un ejemplo; digamos que tú
eres Abraham, el predecesor del rey de los judíos, y tu madre, su único
hijo, engendrado por la gracia de dios, que soy yo, porque tengo el
rifle apuntando a tu cabeza.-
Mientras tanto, el muchacho no paraba de temblar y había cerrado los
ojos tratando de evadirse. Su madre estaba amordazada e inmóvil. Se la
oía sollozar con desesperación.
-Imagina que dios te pide que la mates como un acto de fe; ¿la matarías?
No hace falta contestar a eso, ¿verdad? Está claro. Pero, y si te
dijera que dentro de muy poco tú serás un verdugo al no matar a tu
madre, entonces; ¿dispararías?-
-Soldado, ¿y no has pensado que antes que matar a mi madre escogería
morir yo?-formuló el joven, que había comenzado a alcanzar un poco de
serenidad en su mente.
-No, no era eso lo que te estaba preguntando, de cualquier modo, ya se
acercan las doce y el momento de tu ejecución. Tienes quince segundos
para contestar, y de lo que digas dependerá tu futuro.-
-Anoche, mientras transcurría la invasión en el gueto tuve un sueño,
soñé con un mundo en el que los humanos se respetaban sin ninguna
concesión, soñé que la guerra había sido una mala pesadilla y justo al
final deseé que no fueran los inocentes los que más sufrieran. Pero
estaba equivocado, soldado, y ahora viene lo más interesante y lo que
responderá a tu pregunta. La única forma de vencer en esta vida es
haciendo el mal a los demás, y mi respuesta es sí. Dispararé.-declaró el
muchacho, cuando alzó la mano en la dirección del rostro de su madre y
le metió una bala entre ceja y ceja. El sonido de la deflagración fue
ensordecedor, y finalmente la sangre fluyó.
-Bien hecho.-aseguró el soldado. -No te mataré y como recompensa te
revelaré un secreto.-le anunció el soldado. -Se trata del libro que ves
entre mis manos, sólo que está en blanco. Vamos, escribe algo, lo que
sea, aquí tienes una hermosa pluma de faisán.-
-Cómo empezar…-dijo el niño, aún temblaba por la excitación del momento.
-Bien, al otro lado de este mundo existe un lugar de ensueño, se
vislumbran maravillosas tierras rebosantes de maná y magos poderosos
bendecidos por Kiel Aklator.-escribió Danke, y luego narró en voz alta.
-Continúa con el relato, no te detengas.-le dijo el soldado al narrador.
-Pero, ¿qué son los magos malignos sino nigromantes?-
-Por supuesto.- contestó el soldado afirmando con la cabeza, al tiempo
que contemplaba el rostro desangrado de la madre con una amplia sonrisa.
-…y allí, todos buscarán con ansia un lugar del cosmos, el que contenga
todas las respuestas a los enigmas de sus vidas y del Universo.-
-Continúa…-dijo el soldado.
-Pero, ¿qué es el lado opuesto del cosmos sino el…?-
-Anticosmos.-le respondió el soldado satisfecho.
-Sí, es lo que yo había pensado.-dijo el muchacho, y luego sonrió brevemente.
-Ya puedes soltar la pluma.-
-¿Por qué he de hacerlo? Me gusta la sensación de ser el creador de esta historia.-
-Porque ahora ese lugar ya existe fuera del papel.-anunció el soldado.
-Y con respecto al libro y la pluma de faisán puedes quedártelos y
continuar escribiendo.-
-No puedo darte las gracias por lo que me has obligado hacer, pero sé
que mi vida acaba de cambiar y cobrar sentido. Hoy me marcharé de aquí y
algún día llegaré a ese lugar.-
-Yo también dije lo mismo que tú hace mucho tiempo. Te deseo suerte con
la búsqueda; pero al final tendrás que volver de allí...-murmuró esto
último para sí mismo.
-Una última cosa, soldado sin escrúpulos. ¿Quién eres en realidad?-
-Si te lo dijera, no me creerías. Los otros tampoco lo hicieron.-contó el soldado con cierta amargura.
-Te creeré, vamos dímelo. ¡Lo juro!-le insistió el niño.
-Yo, no soy el sargento Hartman, sólo un soldado más, un verdugo, qué
más da, tu madre ya está muerta y la guerra acaba de comenzar.-
De pronto, una oscuridad lo envolvió en las sombras de una calle
interminable, despareció y abandonó al joven Danke a su suerte hasta que
llegara el momento en que el círculo se completase para cumplir el
destino de una historia inmortal.
La habitación de Teresa
Teresa
saltó hacia delante y agarró con fuerza la espada de Roxwell. De
repente, sus ojos se tornaron furia y refulgieron en el argénteo metal
cual volcanes desencadenados.
El tiempo se había detenido en su habitación y el cadáver ensangrentado
de Jack Black Bahuer yacía inerte sobre el suelo sosteniendo aún la
malograda estilográfica.
Azrael no se inmutó por la presencia altiva de Teresa, apretó con fuerza
la Lanza del Destino e intentó darle una estocada en el corazón.
Pero Teresa le respondió con el revés de su espada y los metales
chirriaron sonando de forma desagradable, y soltando chispas
incandescentes. Luego, Teresa formuló con solemnidad estas palabras:
¡La espada del Rey Matacuervo doblegará las mentes débiles!
¡Mentes como la tuya!
Y Azrael el sabio se llevó las manos a la cabeza con urgencia.
En ese instante, su mente se estaba resquebrajando como un palacio de
cristal ocupado por miles de tenores de ópera y la Lanza del Destino le
ardía en la palma de la mano. Finalmente, Azrael tuvo que soltarla
porque ésta comenzó a derretirse abrasando su piel y cociéndole las
falanges que asomaban desnudas al aire.
Después, Azrael dio dos pasos hacia atrás mareado por el dolor de la
mano, atravesó la puerta de la habitación de Teresa, tropezó y
finalmente cayó rodando por el acantilado del Faro a las profundidades
de los Mares de la Eternidad, donde le estaba esperando Deynonichus con
las fauces abiertas. El reptil demostró ser con él vengativo hasta el
final.
Una mancha de sangre circular ondeando sobre el ancho mar fue lo último que se contaría de este singular personaje.
Poco después, Teresa abandonó la habitación y atravesó la puerta que llevaba a aquel extraño e imperecedero mundo marino.
La barca que había construido Azrael aún permanecía a los pies de la
Ciudad Laberinto, y no se había movido del sitio ni un ápice.
Teresa se subió en ella con la única compañía de la espada y se dejó arrastrar por las corrientes del mar del Anticosmos.
Posteriormente, Teresa navegó en soledad por espacios de tiempo
inmemoriales en una noche eterna que parecía advertir un final que se
aproximaba. Cercano.
Hasta que de pronto, apareció ante ella la luz del Faro de la Eternidad que la guió hasta aquel místico y apartado lugar.
Luego, Teresa bajó de la barca, cogió la espada, cruzó la playa
perseguida por los Lincerillos hasta la orilla y avanzó por un sendero
pedregoso hasta alcanzar la entrada del Faro de la Eternidad.
Cuando de pronto, la puerta se abrió ante ella y los Cuervos la
invitaron a que pasara al interior con aire de reverencia, y allí la
esperaba Danke ansioso.
El verdadero origen de esta historia; también conocido como el Guardián
de la Eternidad y un famoso “Carpintero”, o como lo preferiría llamar
yo; “Un Artista”.
-Te estaba esperando, Teresa, durante mucho tiempo he esperado este momento. Acércate muchacha.-le dijo Danke entusiasmado.
El hombre inmortal seguía sentado en el mismo sofá desgastado por el
paso del tiempo y la casa estaba en las mismas condiciones en las que se
la encontró Azrael, sólo que ahora todos sus habitantes detentaban un
rostro. Recordemos las ratas que también pululaban por allí.
Y entonces Danke volvió a hablar...
-Este es el final del Testamento del Cuervo. Aquí termina el viaje que
comenzó hará largo tiempo. ¿Qué traes contigo, Teresa? ¿Y dónde está
Azrael el sabio?-le preguntó Danke intrigado.
-Lo abatí con la espada del Rey Matacuervo. Esta espada.-sentenció
Teresa con la cara inexpresiva, y se la mostró haciendo un aspaviento
con el brazo.
-¿Así que tienes una espada capaz de doblegar las mentes débiles?
Pues creo que ya va siendo hora de abandonar la retórica, Teresa. Creo
que nuestros lectores esperan una resolución más oscura. ¿No?-
¡¡¡QUE DE COMIENZO EL TESTAMENTO DEL CUERVO!!!
…todo
comenzó a desintegrarse y a desaparecer alrededor de Teresa, pero sus
ojos contemplaron el color de una historia que ocupaba varias
existencias terrenales y que mostraré simplificada por lo extenso de
dicho relato.
Una gran piedra estelar impactó en la Tierra que siempre conoció el
hombre en un momento indeterminado de la historia y trajo consigo a
Ingvar, la primera forma de vida que creó Kiel Aklator, el dios supremo
de todas las cosas que existen... y mucho más tarde, cuando Danke era
tan solo un niño, recibió un libro de las manos de un soldado muy cruel
que le obligó a asesinar a su madre. Lo más destacable es que este
acontecimiento tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial.
Poco después, Danke se puso a escribir y creó una historia inmortal a
los doce años que se titularía el Nigromante del Anticosmos, y este ser
nunca sería alguien definido y nunca cubriría su vacante por mucho
tiempo.
Después, Danke se convertiría en un afanado carpintero y crearía una rata robótica a la que nombraría Woodworld.
Pero al final, Danke se convirtió en el victimario de su historia y Mike
lo mató antes de que pudiera hacerse con el cohete de la reserva
Dunfront para alcanzar la Tierra Prometida, encontrar las ruinas de
Sanctórum y convertirse en el Rey del Tiempo.
Sin embargo, la existencia de la Ciudad de los Espejos le permitió
continuar en el Universo terreno, y tras morir, Danke se instaló en el
Faro de la Eternidad a la espera de los reflejos de Matacuervo; que más
tarde le devolverían el rostro en su presencia.
Tras contarle la historia de su vida a Teresa, Danke cogió una antigua y
olvidada pluma de faisán, sacó un cuaderno de debajo del sofá y luego
se lo mostró a Teresa con una sonrisa.
Después, introdujo la pluma en el tintero, la sacó con cuidado, comenzó a
escribir y esto fue todo que había que contar sobre Danke por ahora.
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La
última hoja de la partitura permanecía en el soporte de un órgano,
mientras que una lluvia torrencial atronaba sobre los tejados de la
catedral.
La reciente Nigromante del Anticosmos había horadado los mares con su
barca durante eones, tal y como le explicó la voz de Danke hasta
alcanzar la playa de un mar rojo, que se movía a través de las faldas de
un santuario inmemorial.
Creía haberlo encontrado y estaba a punto de tocar la última nota de un
órgano descomunal, un sí estridente, un último aullido del averno que
diera comienzo al fin.
Acababa de descubrir que el Anticosmos era algo intangible, y que éste se alzaba ante ella de una forma que nunca imaginó.
A su alrededor, se apostaban formas etéreas que lanzaban cánticos en voces conocidas, y tal vez soñadas por algún amor anterior.
Todo había sido real y el Anticosmos en algo se parecía a la escritura.
Al final, todo cobraba sentido, ella y sus amigos habían formado parte de una composición literaria de Danke.
Teresa metió la mano en el bolsillo del camisón y sonrió al sostener el
Anticosmos entre sus dedos, no pesaba, y en algo se parecía a la
escritura. Sabía que tendría que decirlo en voz alta, y que eso traería
consecuencias, aun así lo dijo, al tiempo que ejecutaba sobre la tecla
del órgano un sí agudo, un último aullido infernal.
¿Es el Anticosmos el primer pensamiento humano?-preguntó Teresa con los ojos cerrados.
De
pronto, en algún recóndito lugar una niebla espesa oscilaba con calma
expandiendo sus ramas en la fachada de un destartalado caserón, situado
en lo más inhóspito del bosque de la reserva Dunfront, en el cual, una
adolescente llamada Teresa contemplaba con melancolía como se marchitaba
el otoño a través de la ventana de su alcoba.
La fría estancia ya se hallaba lo suficientemente limpia como para complacer a su madre, la señora Hárbury.
La muchacha advertía que esa pulcritud se debiera quizás a un intento
por ocultar su pesar interior, algo que notaba pero que con toda
certidumbre no fue siempre así...
Fin
Cuando
los Cuervos presenciaron el auténtico final de Teresa y el Nigromante
del Anticosmos escrito por Danke, sus cuerpos se fusionaron en uno y
regresó la conciencia real de Matacuervo.
De modo que Matacuervo volvió a ocupar su cuerpo humano, apareció desnudo, renacido y cubierto de cicatrices.
Después, Matacuervo sujetó la espada capaz de dominar las mentes que
siempre le perteneció y se la clavó a Danke en el corazón con una furia
desmedida.
Al tiempo que la sangre ascendía por su garganta, Danke abrió los
párpados y se limitó a observarle con los mismos ojos de rabia con los
que miró a Mike en su enfrentamiento final junto al cohete en la reserva
Dunfront.
Ahora, los albores de la Segunda Guerra Mundial y el soldado y el libro
eran tan solo un eco en sus oídos, cuando la muerte aún flotaba en el
ambiente, los hombres continuaban con sus quehaceres esperando promesas
que romper, recuerdos que olvidar y vivencias que remitían a su dolorosa
infancia; y sus últimas palabras envueltas en un odio infinito fueron:
¡Al fin lo recuerdo! ¡Por Kiel Aklator que recuerdo tu rostro! ¡Tú eras el maldito soldado!
¡¡¡Matacuervo!!!